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jueves, 3 de octubre de 2019

Reportaje al Gran Historiador Don Julio Irazusta (1969)

Hablar de Julio Irazusta es hablar, automáticamente, de revisionismo. Fue uno de los primeros —si no el primero— en plantear seriamente, sobre bases documentales y con un nutrido aparato erudito, la necesidad de revisar la versión clásica de nuestra historia, en especial el capítulo sobre Rosas.

Desde hace muchos años viene bregando este entrerriano de aspecto vagamente británico, por una nueva visión de la historia que para él constituye una parte de la visión nacional.
Estamos en su casa, en San Telmo (“un barrio que está de moda”, nos dice, sonriendo) que alberga su biblioteca de 10.000 volúmenes y más de 500 carpetas confeccionadas con recortes de diarios, hojas de libros, fotos y mapas. Ese acervo bibliográfico y documental significa un trabajo de muchos años.

—Cuando yo era estudiante — nos dice— compraba tres ejemplares de cada libro. Uno para leer y formar mi biblioteca y los restantes para destrozarlos y con sus restos formar mi fichero...

Hablamos de sus libros; “Argentina y el Imperialismo Británico" (1934. en colaboración con su hermano Rodolfo); “Ensayo sobre Rosas” (1935), “Actores y Espectadores” (1938), que logra un premio municipal. En 1941 aparece el primer tomo de "Vida Política de Rosas”, cuya obra completa abarca siete volúmenes y es, sin duda, el trabajo histórico más enjundioso de Irazusta. Más adelante publicará “Tomás de Anchorena”, “Tito Livio”, "Urquiza y el Pronunciamiento” y ya en otra temática, “Perón y la Crisis Argentina", "Balance de Siglo y Medio”, “Genio y Figura de Leopoldo Lugones”. Siempre su obra está adscripta a una preocupación política.

—Yo preferiría pasar mis días leyendo lo nuevo y releyendo lo viejo. Todos mis libros fueron escritos instado por mis amigos, mis compañeros de generación. Y si la preocupación dominante es la política, es porque se trata de "la cenicienta del espíritu”, la más desprestigiada y sin embargo la única actividad intelectual que puede resolver los grandes problemas humanos...

—¿Cuando descubrió que la historia argentina debía ser revisada?

—Cuando Uriburu entregó el poder a los conservadores. Durante la conspiración que culminó el 6 de setiembre de 1930 el General nos decía siempre que los conocía muy bien, y después les dejó el gobierno. .. Además, vimos a esos conservadores haciendo en el poder una política totalmente contraria a la que habían sostenido antes, sobre todo en el problema de las carnes. Allí empecé a advertir la existencia de una gran mentira.

—¿Cuáles fueron sus fuentes de información?

—Primeramente toda la literatura unitaria, de la que saqué distintas conclusiones. Y también el libro de Saldías sobre Rosas, que profundizó algunas de las contradicciones de la línea historiográfica unitaria. Los dos primeros tomos de mi “Vida Política de Rosas" se basan exclusivamente en lo editado. Después de concluirlos empecé a trabajar en los archivos. Allí estuve siete años, desde 1943 hasta 1950, con horarios completos de invierno y verano. De modo que los tres últimos editados y los dos que estoy terminando son fruto de una investigación propia.

—¿Cuál libro quiere más, de los suyos? ¿Cuál le dio más satisfacción económica?

—Satisfacción económica, ninguno. Intelectual, el “Ensayo sobre Rosas", porque muchos espíritus preclaros me dijeron que yo los habla convencido con mi razonamiento, entre ellos don Manuel Gálvez. Pero hay un libro que quiero mucho, tal vez porque es inédito, un hijo nonato: es “La Monarquía Constitucional en Inglaterra”.

—¿Cuál es su filósofo favorito?

—En mi juventud era apasionado lector de Platón. Después aprendí mucho con Croce. Ahora prefiero a Santo Tomás y a Aristóteles. A Santo Tomás, sobre todo, porque es el mejor filósofo político de toda la Historia

-¿Qué realidad la cuesta aceptar más?

—Que la Argentina, al país más rico del mundo, si se tiene en cuenta la proporción entre su inmensa riqueza actual y su escasa población, sea el único que no puede resolver una crisis que ya dura treinta años.. .

-¿Cuál serla el sueño que le gustaría concretar?

Que la Argentina hiciera su revolución nacional.

¿Qué está escribiendo últimamente?

Varias cosas. Una historia argentina, pero pensada y escrita en términos políticos. Una historia de Gualeguaychú, mi pueblo. Unas memorias de las que tengo escrito ya un tomo y serán dos en total. Y un ensayo, “La Política, Cenicienta del Espíritu” que ya está escrito en su totalidad pero quiero reescribir.

—¿Qué opina de la revolución estudiantil mundial? (Mayo francés)

—No descarto la Influencia exterior. Sólo una orquestación montada por usinas poco visibles pero reales podría movilizar un movimiento como el que presenciamos en nuestro tiempo. Pero entendámonos: la sociedad capitalista del mundo occidental está dejando sin resolver mucho de los problemas planteados por el desarrollo económico, científico y tecnológico Se explica, por consiguiente, que los estudiantes estén descontentos en todos lados

—¿Cree en la juventud argentina?

—Sin ninguna vacilación. Las generaciones anteriores nos dieron una patria pero luego ella se achicó lamentablemente y así perdimos condiciones que inicialmente eran más favorables, aun, que las de Estados Unidos. Tengo la esperanza de que la nueva generación, al estar bien Informada, esclarecida, sobre los errores del pasado, sepa actuar mejor. Esa es la función de los hombres que reconstruyen el pasado: dar la verdad para que ella evite repetir las grandes equivocaciones nacionales


Lucrecia Orrego
Bibliografía: Revista ·"Todo es Historia" numero 30 - octubre de 1969


miércoles, 9 de diciembre de 2015

Alberto Ezcurra Medrano: notas de un verdadero revisionista

Ante la insoportable vigencia de esa adulteración del verdadero revisionismo histórico, que con justicia llamamos pseudorevisionismo, no está de más recordar, de tanto en tanto, a los auténticos representantes de aquella notable corriente historiográfica.

Uno de ellos –como es sabido- fue don Alberto Ezcurra Medrano; historiador que marcó el rumbo y el perfil del verdadero revisionismo.

Mucho es lo que se podría decir de él. Por lo pronto, en una breve y acotada semblanza, digamos que fue uno de los precursores de esta escuela de pensamiento que se propuso rescatar nuestra identidad hispano-católica, refutando los mitos más difundidos de la historia oficial y sacando a la luz aquello que los historiadores liberales habían ocultado de nuestro pretérito patrio.

En efecto, Ezcurra Medrano inició su labor allá por 1929, en las páginas de los periódicos El Baluarte y La Nueva República, cuando tenía tan solo unos 20 años de edad. Posteriormente colaboró en numerosas publicaciones nacionalistas, como ser las revista Crisol y Nueva Política; pero sobretodo se destacó por sus extraordinarios artículos publicados en la revista del Instituto de Investigaciones históricas Juan Manuel de Rosas, entre los años 1939 y 1961, es decir en lo que fue el primer periodo, y el mejor, de este notable instituto que nucleó a los más granado del revisionismo argentino.

De esa etapa son artículos memorables como “Rosas en los altares”, “La convención Mackau-Arana”, “Como se escribió la historia”, y “La vuelta de Obligado”; en todos ellos se encuentran bien claras las características que lo distinguen como historiador revisionista.

También en esta época escribió sus obras históricas de mayor envergadura, “Las otras tablas de sangre” (de 1934) y “Sarmiento masón” (de 1952), libros que se convirtieron en verdaderos clásicos de nuestra historiografía.

A modo de ejemplo de la valía de los trabajos que publicó en la revista del Instituto podemos tomar un artículo que vio la luz en enero de 1939, en el N° 1 de la mencionada publicación y que lleva por título “El centenario del asesinato del general Alejandro Heredia”.

Este ensayo es claramente demostrativos de la seriedad y sencillez con la que Ezcurra Medrano enfocaba y presentaba al público sus aportes. Sin alardes cientificistas o de erudición, ni pretensiones académicas; pero innegablemente científicos y con una clara comprensión del presente y del pasado del país.

Las notas que lo pintan por entero, las principales características que definen a don Alberto Ezcurra Medrano como historiador, están presente aquí.

A modo meramente enunciativo podemos enumera algunas: en primer lugar nuestro autor es un desmistificador de los dogmas supuestamente indiscutibles de la historia oficial; en segundo lugar, es un develador de aquellos hechos que han sido soslayados o tergiversados por los historiadores liberales; y en tercer lugar es un hermeneuta justiciero pero humilde pues no pretende imponer su interpretación como si fuera una verdad inconcusa al modo de los escribas de la historia oficial.

En efecto, atento a que la historia oficial no solo montó una leyenda negra respecto a épocas y personajes históricos, sino que en contrapartida edificó un panteón de héroes y mártires inmaculados; nuestro autor –al igual que todos los revisionistas- se vio en la obligación de mostrar a los supuestos héroes de la historia oficial, tal como en realidad fueron.

Y así, en el artículo que rápidamente revisamos nos encontramos con la figura de Marcos Avellaneda a quien el liberalismo nos presentó como un arquetipo de patriota, injusta y cruelmente asesinado. Frente a esto Ezcurra Medrano pone en el tapete documentos irrefutables que destruyen esa imagen sin macula alguna y que aportan indicios vehemente de su participación en la conjura para asesinar al gobernador legítimo de Tucumán, el noble y valiente caudillo federal Alejandro Heredia. He ahí entonces nuestro historiador en su papel de desmitificador y develador de la verdad oculta.

La tercera virtud encontrada en el artículo que analizamos, la del hermeneuta sencillo y humilde, se hace patente cuando, luego de presentar los hechos, invita al lector a sacar sus propias conclusiones sin exigir que las suyas se erijan un “veredicto inapelable de la historia”, tal como lo hacían los liberales con las suyas.

Finalmente demás está decir que estas características que aquí hemos enunciado de don Alberto Ezcurra Medrano tienen su hontanar, su origen y su explicación en una virtud de este autor, que es común a todos los verdaderos revisionistas, cual es la de profesar un cristiano e insobornable amor a la Patria, unido a un afán por conocer la verdad histórica más allá de toda ideología.

                                                                                         Edgardo Atilio Moreno

domingo, 30 de diciembre de 2012

Analisis de los errores históricos de Norberto Galasso (continuacion)


1.
La interpretación de Alberdi, que recoge Norberto Galasso, es muy simplista. Para que los levantamientos revolucionarios en América fuesen “revoluciones democráticas, por la libertad y los derechos del hombre, la división de poderes, etc., dirigidas contra el absolutismo, la monarquía, la Inquisición, la esclavitud, los tributos serviles, etc.” debía haber en las Indias una coyuntura similar a la de la Francia pre-revolucionaria, cosa que no era así.


Puede decirse que no es necesaria la coyuntura y que solo vasta con infiltrar la ideología liberal para que estalle la revolución tal como la ve Alberdi, pero tampoco esto sucedía en América. Se sabe según investigaciones del historiador Agnes, que, si bien los libros prohibidos ingresaban como agua y que la Inquisición ya nada hacia (según investigaciones del historiador británico Ferns), quienes estaban en capacidad de leerlos eran muy pocos y quienes pudieran ser tentados por ellos, menos aún. No se descarta la idea de que quienes fueran tentados tuvieran influencia política, ahora sí, hablando de Buenos Aires. Pero estos no tenían el manejo de la fuerza y sin ella nada se podía.


Por otro lado, es verdad que las revoluciones americanas fueron contra el absolutismo, pero no contra la monarquía. Aquí hay un grave error de concepto. Absolutismo no necesariamente es Monarquía y viceversa. Puede haber una Monarquía que no sea absoluta, y de hecho la monarquía de los Habsburgo en América no lo fue. Un historiador, no recuerdo el nombre ahora (luego adjunto la cita) decía que si los Austrias no hubiesen gobernado con esa flexibilidad no hubieran podido mantener el Imperio tan extenso. La realidad lo demuestra. El mantenimiento del Imperio no fue por la fuerza sino por la flexibilidad, que nacía de la ley de Alfonso el Sabio, “se acata, pero no se cumple”.


Quienes llevaron a cabo la revolución de Mayo eran una serie de grupos políticos que se venían disputando el manejo de los asuntos del Estado desde las invasiones inglesas. Así, el grupo liberal de los letrados, cuyo jefe era el Dr. Castelli habían sido muy condescendientes en las Invasiones con los ingleses mientras que los otros grupos: los patricios, los funcionarios reales y los alzaguistas lucharon por la Reconquista.
El 1 de enero de 1809 cuando los alzaguistas buscan destituir al virrey Liniers, junto con los liberales letrados, son los patricios quienes junto a los funcionarios reales lo impiden.
La Semana de Mayo fue el encuentro de tres de estos grupos: patricios, alzaguistas y liberales letrados contra los funcionarios reales, anclados en la tesis sostenida por Castelli pero ejecutada por Saavedra y los suyos. SIN LOS PATRICIOS NO HUBIESE HABIDO REVOLUCIÓN DE MAYO, PUES ELLOS TENÍAN EL MANEJO DE LA FUERZA, TOTALMENTE NECESARIA PARA DESALOJAR A CISNEROS Y LOS SUYOS.


¿Para qué reaccionan los Patricios? Los patricios reaccionan según lo que Saavedra expone al virrey Cisneros:


“Señor, son muy diversas las épocas del 1 de enero de 1809, y la de mayo de 1810, en que nos hallamos. En aquella existía la España, aunque ya invadida por Napoleón; en ésta toda ella, todas sus provincias y plazas están subyugadas por aquel conquistador, excepto sólo Cádiz y la isla de León, como nos aseguran las gacetas que acaban de venir y V. E. en la proclama de ayer. ¿Y qué, señor? –¿Cádiz y la isla de León son España?- ¿Este territorio inmenso, sus millones de habitantes, han de reconocer soberanía en los comerciantes de Cádiz y en los pescadores de la isla de León?- ¿Los derechos de la Corona de Castilla a que se incorporaron las Américas, han recaído en Cádiz y la isla de León que son parte de una de las provincias de Andalucía?- No, señor; no queremos seguir la suerte de la España, ni ser dominados por los franceses; hemos resuelto reasumir nuestros derechos y conservarnos por nosotros mismos. El que dio a V. E. (la Junta Central) dio autoridad para mandarnos, ya no existe; de consiguiente V. E. la tiene ya, así es que no cuente con las fuerzas de mi mando para sostenerse” Eso mismo sostuvieron todos mis compañeros” (Saavedra, Cornelio, 1974, pp. 71-72).


Queda claro en esta cita de Saavedra que la reacción de los patricios (no así seguramente de los grupos que los acompañaban) fue para no seguir la suerte de España ni ser dominados por los Franceses, considerados en estas tierras por la mayoría de la población, como unos herejes.


La reacción se dio dentro del esquema jurídico español tradicional, tal como lo expone Juan Germán Roscio, Secretario de Estado de la Suprema Junta Conservadora de los Derechos del Señor Don Fernando VII en Venezuela, en una carta al Gobernador inglés de la Isla Curazao, Teniente General Layard:


“Hemos desconocido como ilegítimos e ineptos para reinar en estos dominios a los cuatro o cinco individuos que obtuvieron el título de Regencia en la Isla de León. Establecidos sin noticia ni conocimiento de las Américas y contra la forma constitucional del Reino, ningún derecho adquirieron para exigir de nosotros el homenaje tributado y debido a la Real Persona de Fernando VII. Ni los miembros de la Junta Central que les dieron el título de Regencia, tuvieron jamás poder para este nombramiento…
Agotado entonces el sufrimiento de este fiel y honrado pueblo, usó de su derecho, rehusó prostituir su obediencia y vasallaje, se consagró de nuevo a su adorado Rey el Señor Don Fernando VII; estableció un nuevo Gobierno conservador de sus derechos…
Por el contrario las relaciones serviles que pretenden y procuran los nuevos gobernantes (de la Isla de León) son opuestos a la libertad e igualdad de esta parte integrante y esencial de la Corona; son incompatibles con los derechos cardinales de su descubrimiento y adquisición establecidos en la Bula de Alejandro VI y en la 1 s. t.s. libro III de las recopiladas para estos dominios. Sobre estos elementos constitucionales está fundado el privilegio que tienen los españoles de este Nuevo mundo, los descendientes de los Descubridores y primeros pobladores para conservarlo por sí mismos en las críticas circunstancias del día y mantenerlo ileso para su legítimo soberano. Procurar otra cosa mientras no logramos su restitución al trono o mientras por el voto libre y general de todos sus vasallos no se fije un centro de poder representativo de su Real Persona en toda la extensión de sus dominios, es atentar contra la Majestad y Soberanía de las Leyes elementales de nuestra constitución.” (Mendoza, Cristobal, 1962, p. 298)


2.
Fernando, príncipe de Asturias y sucesor a la Corona española, dice Galasso, era “promesa de democracia”.
En Historia, hoy y dada la ideologización a la que esta siendo sometida, debemos aclarar cada concepto en su justa medida. Si decimos, como lo hace Galasso, que Fernando era promesa de democracia, debemos aclarar, que entendemos por democracia sino lo estamos utilizando para fundamentar una situación actual. Este tipo de pensadores en realidad buscan en el pasado una justificación al pensamiento del presente. Si los próceres de mayo buscaron la democracia, nuestra identidad nacional radica allí, en consecuencia, debemos defender la democracia para no traicionar nuestra identidad y ser otra cosa. Así no se puede hacer Historia porque se desvirtúa toda la realidad.


Fernando era llamado por el pueblo español y americano, “el Deseado”. Hartos de las políticas corruptas del godoísmo y de los desastres internacionales, vieron en el hijo de Carlos IV un rey que gobernaría para beneficio de su pueblo. Por su parte, los americanos vieron en él un gobernante con quien podrían firmar un nuevo pacto tal como había sucedido entre los conquistadores y los reyes españoles en el siglo XVI. Este nuevo pacto reclamaría más autonomía en el manejo de los asuntos de gobierno, tal como se gozaba bajo los Austrias, y que los Borbones en el poder, habían relegado en pos de una centralización. Por ello, yo no diría que Fernando era promesa de democracia sino de autonomía, porque no se buscó en la Revolución Americana un cambio radical en las estructuras religiosas, políticas, económicas y sociales como sí sucedió en 1789 en Francia, sino solamente más autonomía en la política y en la economía, pero siempre dentro del orden hispano tradicional.


3.
Creo que lo he aclarado en el primer punto.


4.
En este punto se ve la corriente que subyace al pensamiento de Galasso. Él es marxista y como buen marxista, es evolucionista.


En principio, estamos de acuerdo en el carácter democrático de la guerra de independencia, si por democracia entendemos una reacción de tipo popular y bastante espontánea. ¿Fue una reacción democrática y liberal? Eso si que no fue, pues el pueblo se levantó al grito desesperado de “¡Vasallos a las armas! ¡Qué se llevan al Infante!” (Ballesteros y Beretta, Antonio, 1934, p.14) y no “¡Vasallos a las armas! ¡Matemos al Infante!”. También estoy de acuerdo que impugna a las instituciones absolutistas, pero cuidado acá. Galasso dice “viejas instituciones absolutistas” dando a entender que los Austrias también lo fueron. Acá disiento y veo la mano de la ideología: Absolutismo-revolución popular-intento de instauración de la democracia-la oligarquía gana el proceso y se “derechiza” como dice Galasso-lucha entre burguesía y proletariado.


La Monarquía de los Austrias no fue para nada la de los Borbones. La finalidad de ambas cambió radicalmente. Mientras la primera buscaba la Evangelización que justificaba su presencia en América (un gran ejemplo de esto es cuando la Corte le propone a Felipe II dejar las Filipinas porque dan pérdidas y él se niega porque todavía no esta evangelizada), la segunda buscaba la grandeza del Imperio por la acumulación de metálico. Para lograr puso en marcha una serie de Reformas que centralizaron el poder y le sacaron el poder de que gozaban en los primeros tiempos.
El Estado de los Austrias une un estado patrimonial, paternal. El de los Borbones fue un estado nacional unitario y centralista. Aquí radica la gran diferencia.


6.
Si por derechizarse Galasso quiere decir que el Consejo de Regencia, por liberal y centralista, quiere someter a América como una colonia, estoy totalmente de acuerdo. Pero lo que no ve Galasso es que la ideología del Consejo de Regencia es lo que él llama “democrática”. Estos son los liberales españoles ganados por las logias masónicas británicas.

7.
Un despliegue de ideología que yo lo llamo Determinismo Genético. Me pregunto: ¿llevan en la sangre su oligarquía? ¿Los pone como determinados por pertenecer a una clase social? ¿Son los malos?


8.
Nuevamente la ideología en la diferenciación social. Antes que nada quiero aclarar que no existían las clases sociales en América pues este concepto supone una diferenciación social basada en el dinero, cosa que no sucedía en América.


Los absolutistas, para Galasso, son los que tienen el poder, y los antiabsolutistas los que quieren llegar a él. Una visión muy francesa de la historia de nuestro país, en épocas en que la rechazábamos por herética. No solo eso, sino que los absolutistas serían los ricos, los militares, los católicos y los políticos. En el otro lado del ring, estarían los pobres, los comerciantes recién nacidos y laboriosos sin posibilidades de enriquecerse por la opresión monopolista española y no podía faltar la clase obrera o el sector popular. Queda claro que Galasso tomó un esquema hecho por un alemán a mediados del siglo XIX y lo aplicó a la Historia Argentina de fines del siglo XVIII y principios del XIX. Pero la Historia es realista y nada tiene que ver con estos esquemas.


Los grupos (y no clases sociales) que se disputaban el poder desde las Invasiones inglesas eran: los liberales letrados (nada laboriosos en el campo ni en el comercio) que manejaban un grupo urbano militar con personas, en su mayoría, que habían sido afectadas por las reformas militares de Cisneros y se habían quedado sin trabajo y por jóvenes de familias acomodadas; los alzaguistas, que eran los comerciantes asociados con los monopolistas gaditanos; y por último, los Patricios, único cuerpo militar regular, beneficiado por las reformas militares de Cisneros.


¿Y el sector popular? Nada. Los “chisperos” y “manolos” de French y Beruti no superaban los 600. Los vecinos que asistieron al Cabildo Abierto del 22 fueron alrededor de 500 de 50.000 vecinos de Buenos Aires. Por eso Leiva le preguntó el 25 de Mayo a Balcarse ¿Y donde esta el pueblo? Y Balcarse le contestó ¡¡Se fueron a sus casas porque es la hora de almorzar!! Y si no tienen en cuenta nuestros reclamos tocamos generala y abrimos los cuarteles: ahí van a ver al pueblo!


9.
El historiador argentino Roberto Marfany ha demostrado que quienes formaban parte de la Legión Infernal no eran de menores ingresos sino jóvenes de las familias más acomodadas de Buenos Aires, y que French y Beruti no eran “sindicalistas de la administración pública” como los pintan hoy todos los historiadores progresistas sino ex militares que les dieron de baja por su tendencia pro británica durante las invasiones.


10.
Ahora Galasso:
“los militantes encabezados por French y Berutti juegan un rol decisivo pues son ellos los que exigen y logran el Cabildo Abierto del 22 de mayo e incluso participan del mismo utilizando invitaciones falsas que ha “fabricado” Donado en la imprenta de Expósitos, como también son ellos quienes forman piquetes en las esquinas del Cabildo impidiendo el ingreso de algunos señorones reaccionarios.”


He aquí un error histórico. No son los chisperos y manolos, como grupo político, quienes logran el Cabildo Abierto del 22 de mayo. Este grupo paramilitar eran mandados por Belgrano y Rodríguez Peña en íntima conexión con los generales Martín Rodríguez y Chiclana, que eran Patricios. El pedido del Cabildo Abierto del 22 fue una jugada política armada en el Cuartel de las Temporalidades entre los patricios y los liberales letrados. Cuando este grupo pide el Cabildo Abierto el virrey Cisneros llama a los Patricios para ver si lo sostenían, y es Saavedra el que dice que no. Si Saavedra decía que sí se acababa la revolución.


También hay que aclarar que el pedido de Cabildo Abierto no es para destituir al virrey, pues eso ya se había pedido directamente sino para tratar el tema de la formación de un gobierno provisional. La jugada política del Cabildo conjuntamente con los cisneristas fue llamar a un Cabildo Abierto para tratar el tema de la destitución del virrey primero y la formación de un gobierno provisional, después.


Creer que el “sector popular” fue el que logró el Cabildo Abierto también es ideológico, pues es creer que el “pueblo” democráticamente presionó a las autoridades para cambiar el régimen despótico por uno democrático, cosa que para nada fue así.

Prosigue Galasso: “Son ellos también los que se movilizan contra la Junta tramposa del día 24 (dos absolutistas, dos revolucionarios y el Virrey como quinto miembro para desempatar), especialmente después que se contactan con Mariano Moreno, ese hombre que tenía la mente clara y sabía lo que había que hacer, por lo cual French lo apoda “el sabiecito del Sur”.


Nuevamente errores históricos graves. El historiador Roberto Marfany ha demostrado que la Junta del 24 para nada fue tramposa, sino más bien, una vez elegida, hay testimonios de la época que demuestran la algarabía en la Plaza de Mayo. En realidad, fue una transacción política que dejaba al Cabildo Ordinario como mediador. Galasso habla de dos absolutistas, cosa que, para el caso, no lo eran, pues Inchaurregui y Solá, estaban con la destitución del virrey en el Cabildo del 22. Galasso los considera absolutistas por el solo hecho de ser comerciante el primero y religioso el segundo. La idea de la Junta del 24 fue corporativa, estaban representados los grupos de la sociedad porteña: los comerciantes, los religiosos, los militares, los letrados y los funcionarios reales.


La movilización en contra de la Junta del 24 nace en los chisperos y también en los patricios porque el Cabildo Ordinario le había dado a Cisneros el mando de las armas, cosa que era inadmisible. Los revolucionarios podían aceptar a Cisneros, con un voto como todos los demás (eran cuatro a uno) pero ser Jefe de los Patricios no. He aquí la reacción que nace en el Cuartel de las Temporalidades y en la Jabonería de Vieytes y que por medio del grupo paramilitar de los chisperos presiona para el llamado a un nuevo Cabildo Abierto.


Con respecto a Moreno, solo lo que dijo su hermano, Manuel basta:


“Muchas horas hacía que estaba nombrado secretario de la nueva Junta, y aún estaba totalmente ignorante de ello, entretenido en casa de un amigo en conversaciones indiferentes. Al cabo de mucho tiempo, en que yo mismo lo había buscado para avisarle lo ocurrido, lo vi entrar en su casa, envuelto en mil meditaciones, sobre si debía o no aceptar su nombramiento.” (Moreno, Manuel, 1968, p. 117)


Por último Galasso: “Llegado el día 25 y cuando el “sordo” Cisneros y el síndico Leiva apelan a toda clase de dilaciones e incluso intentan que la fuerza armada reprima al pueblo en la Plaza, French, Berutti, Planes y otros ingresan a la planta alta del Cabildo y exigen por la fuerza –cuchillos y trabucos en mano- la designación de una Primera Junta, cuyos integrantes ellos mismos presentan, y firman, en primer término: “Por mí y ante de los seiscientos, Antonio Luis Beruti, por mí y a nombre de seiscientos Domingo French, siguiéndole entre otras, las firmas de Manuel Alberti, Hipólito Vieytes, Nicolás Rodríguez Peña, Tomás Guido” (Historia de la Nación Argentina. Academia Nacional de la Historia, Edit. El Ateneo, Bs As, 1969, tomo V, pág. 47)”


Lo que no dice Galasso es que la lista de los integrantes fue confeccionada por Chiclana, patricio y dependiente de Saavedra.


11.
No es el sector popular el que hace la revolución, como cree Galasso, sino los Patricios, sin los cuales nada podría haberse hecho. Y no la hacen para cambiar la sociedad toda sino para resguardarla de los hechos peninsulares.


13.
Nuevamente la ideología a flor de piel.


“Poco después, Moreno redacta el Plan de Operaciones que constituye el verdadero programa de la Revolución, documento que Bartolomé Mitre “pierde”, distraídamente, para poder mantener a la “Representación de los Hacendados” –alegato por el comercio libre- como objetivo del movimiento.”


¿Cómo prueba que Mitre lo perdió a propósito para mantener un alegato del comercio libre? Aparte hay versiones para nada despreciables que dicen que la parte económica del plan fue realizada por Manuel Belgrano.


14. Rivadavia buscó lo mismo que Moreno: la modificación total de las estructuras religiosas, políticas, económicas y sociales en el Río de la Plata. Rivadavia para nada fue “contrarrevolucionario” como dice Galasso, de hecho es quién deshace el Cabildo como institución representativa del orden hispánico en América.

Tomado de:  http://larevoluciondemayo.blogspot.com.ar/

domingo, 23 de diciembre de 2012

Exposición de los errores históricos de Norberto Galasso


¿Quién es Norberto Galasso? Wikipedia nos dice de él: “Norberto Galasso (Buenos Aires, 28 de julio de 1936) es un ensayista e historiador revisionista argentino. Estudió en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, de donde egresó como contador, en 1961. A fines de los años cincuenta, sus inquietudes políticas lo impulsaron a leer a Marx, Trotsky, entre otros, y se familiarizó con los conceptos de lucha de clases, plusvalía, explotación. Ha aportado al pensamiento nacional y popular.”  (http://es.wikipedia.org/wiki/Norberto_Galasso)

El aporte de Galasso en cuanto al tema que nos ocupa, la Revolución de Mayo, lo encontramos en un texto titulado "25 de Mayo de 1810: ¿Golpe pro-británico o revolución democrática?" publicado en Cuadernos para la Emancipación en el año 2002.*

A continuación detallo los errores históricos de este texto y en otro post intentaré responder históricamente a estos desvios.

Los errores históricos de Galasso

1. Significado de las Revoluciones Americanas en general y de la de Mayo en particular:

Siguiendo la interpretación de Juan Bautista Alberdi, la revolución de mayo “se trataría, en todos los casos, -no de revoluciones separatistas, independentistas – sino de revoluciones democráticas, por la libertad y los derechos del hombre, la división de poderes, etc., dirigidas contra el absolutismo, la monarquía, la Inquisición, la esclavitud, los tributos serviles, etc.”

2. Fernando, príncipe de Asturias y sucesor a la Corona española, “promesa de democracia”:

“Asimismo, en la casi totalidad de las revoluciones, las juntas triunfantes juraban por Fernando VII y recién años después -cuando Fernando VII, que era promesa de democracia, gira a la derecha y reprime brutalmente a los revolucionarios a partir de l8l4”

3. La Revolución en el Río de la Plata integrada a la Revolución Francesa de 1789:

“En principio, pues, en el Río de la Plata, se trataría de un movimiento que integraría el proceso de cambio que recorre toda Hispanoamérica por entonces, bajo la influencia tanto de la revolución española de l808 como de la Francesa de 1789.”

4. Carácter democrático de la guerra por la independencia en España:

“Se trata de una revolución nacional, contra el invasor, defendiendo la soberanía de España, pero inmediatamente asume al mismo tiempo otro carácter: el pueblo se organiza en Juntas y reclama, entonces, no sólo expulsar a los franceses, sino sus derechos democráticos impugnando las viejas instituciones absolutistas. Las juntas diversas unifican su representación en la Junta Central de Sevilla. Así, 1808 es el 89 español. Estas juntas, en su propósito de ser coherentemente democráticas, declaran -el 22 de enero de 1809- que “las tierras americanas no son colonias sino provincias”, iguales a las de España, por lo cual, al convocarse a las cortes constituyentes, se les reconoce representación. Y más aún: la Junta de Cádiz, el 28/2/1810, informa a los americanos de los cambios producidos y les señala que la Junta que ellos han constituido debe ser modelo que deben tomar en América, es decir, los incita a formar Juntas. Esta información no es demasiado conocida, pero sí puede recordarse que el levantamiento del 1º de enero de 1809, en Buenos Aires, aunque de contenido españolista contra la preponderancia francesa, proclama: “Juntas como en España”.

5. Integración de los movimientos revolucionarios peninsulares y americanos:

“Esto significa que la revolución que recorre el territorio español, se extiende a América, explicándose por esta razón la sincronía de los levantamientos insurreccionales (La Paz l809, Caracas, Buenos Aires, Chile y Nueva Granada en 1810, Méjico, Paraguay y la Banda oriental, en l811). A la luz de esta interpretación resulta coherente, tanto la metodología juntista, como también la jura por Fernando, a quien tanto en España como en América se juzga una posibilidad democrática, deslindándolo del resto de la familia real corrompida.”

6. Causas del estallido revolucionario:

“El levantamiento de las nuevas banderas democráticas se torna urgente en América cuando en España el proceso se derechiza con la disolución de la Junta central de Sevilla y la instalación del Consejo de Regencia, al mismo tiempo que Napoleón domina ya casi todo el país ibérico. Ambas noticias llegan a América en los primeros meses de l8l0 y apresuran los estallidos revolucionarios.”

7. Determinismo genético:

“los godos”. Sus apellidos interesan porque luego reaparecen integrando la oligarquía argentina: Martínez de Hoz, Pinedo, Alzaga, Santa Coloma, Sáenz Valiente, Ocampo, Lezica, Beláustegui, Arana, Oromí, Ezcurra...”

8. Diferentes “clases sociales” en la Revolución:
Los absolutistas:
a. comerciantes monopolistas
b. el virrey, los oidores y los funcionarios reales
c. “cúpula eclesiástica”
d. “alguna fuerza armada”

Los antiabsolutistas y democrático:
a. “comerciantes nuevos” formados a expensas de la relacion comercial con Inglaterra.
b. “pequeña burguesía”
c. “sectores populares”

9. Fines y medios revolucionarios:

“…que el pueblo gobierne a través de sus representantes, asegurando los derechos del hombre y del ciudadano, la libertad de imprenta y el libre pensamiento, integrando el movimiento al estallido que conmueve por entonces al resto de la América Española e incluso, también al de España si allí prevalecen las fuerzas modernizadoras. En esa pequeña burguesía se destacan varios abogados, como Moreno, Castelli, Belgrano y Paso, con el apoyo de unos seiscientos activistas que pertenecen a los sectores sociales de menores ingresos, conocidos como “Los Chisperos”, “La Legión Infernal”, o “los manolos”, en las crónicas españolas. Allí, liderando, se encuentran French, cartero de la ciudad y Berutti, empleado de la Tesorería del Gobierno.”

10. El sector popular:

“En los sucesos que se desarrollan en la semana de Mayo, los militantes encabezados por French y Berutti juegan un rol decisivo pues son ellos los que exigen y logran el Cabildo Abierto del 22 de mayo e incluso participan del mismo utilizando invitaciones falsas que ha “fabricado” Donado en la imprenta de Expósitos, como también son ellos quienes forman piquetes en las esquinas del Cabildo impidiendo el ingreso de algunos señorones reaccionarios. Son ellos también los que se movilizan contra la Junta tramposa del día 24 (dos absolutistas, dos revolucionarios y el Virrey como quinto miembro para desempatar), especialmente después que se contactan con Mariano Moreno, ese hombre que tenía la mente clara y sabía lo que había que hacer, por lo cual French lo apoda “el sabiecito del Sur”. Llegado el día 25 y cuando el “sordo” Cisneros y el síndico Leiva apelan a toda clase de dilaciones e incluso intentan que la fuerza armada reprima al pueblo en la Plaza, French, Berutti, Planes y otros ingresan a la planta alta del Cabildo y exigen por la fuerza –cuchillos y trabucos en mano- la designación de una Primera Junta, cuyos integrantes ellos mismos presentan, y firman, en primer término: “Por mí y ante de los seiscientos, Antonio Luis Beruti, por mí y a nombre de seiscientos Domingo French, siguiéndole entre otras, las firmas de Manuel Alberti, Hipólito Vieytes, Nicolás Rodríguez Peña, Tomás Guido” (Historia de la Nación Argentina. Academia Nacional de la Historia, Edit. El Ateneo, Bs As, 1969, tomo V, pág. 47)”

11. “Clase social” que hace la revolución:

“No existe duda de que el sector popular, como cabeza del frente democrático, impone a la Primera Junta para reemplazar al virrey.”

12. Finalidad de la lealtad a Fernando VII:

“Sus integrantes juran, entonces, en nombre del Rey Fernando VII porque éste resulta aún una posibilidad democrática tanto para los españoles liberales como para los americanos de la misma filiación ideológica.”

13. Ideología:

“Poco después, Moreno redacta el Plan de Operaciones que constituye el verdadero programa de la Revolución, documento que Bartolomé Mitre “pierde”, distraídamente, para poder mantener a la “Representación de los Hacendados” –alegato por el comercio libre- como objetivo del movimiento.”

14. Contraposición entre burguesía criolla revolucionaria (Moreno) y burguesía criolla contrarrevolucionaria (anglos, Rivadavia y García)


* El texto completo se puede ver en: http://www.discepolo.org.ar/node/45


Tomado de: http://larevoluciondemayo.blogspot.com.ar/2011/02/exposicion-de-los-errores-historicos-de.html

miércoles, 7 de noviembre de 2012

ENTREVISTA AL DR. ANTONIO CAPONNETTO


Usted recientemente escribió un libro sobre la Revolución de Mayo y dio conferencias. ¿Cómo analiza en el año del Bicentenario lo que significa la Revolución de Mayo del 25 de Mayo de 1810?
Entiendo que hay, simplificando un poco, dos mayos. Hay un mayo liberal, masónico, jacobino, profundamente antihispánico y anticatólico. Ese mayo es el que lamentablemente el gobierno festejó y celebró indignamente, y ese mayo existió. Ese mayo existió y terminó para nuestra desgracia imponiéndose, históricamente ese fue el mayo que se impuso, un mayo segregacionista, un mayo de espaldas a nuestra prosapia y a nuestra estirpe española; y un mayo que significó la ruina de nuestra identidad.
Pero también paralelamente existió otro mayo, un mayo monárquico, un mayo fidelista, un mayo con sentido y significación profundamente hispano católico, un mayo que fue la continuación de aquellos movimientos españoles que se hicieron en contra de Francia para defender España de la invasión napoleónica. Ese mayo nuestro, querido, entrañable, cuya cabeza es Don Cornelio de Saavedra, ese mayo es el que personalmente reivindico como el genuino, como el auténtico como el prístino. Y como el derrotado.

¿Por qué se tardó 6 años después de la Revolución de Mayo para declarar la independencia en Tucumán?
Precisamente porque durante esos 6 años se creyó que existía otra posibilidad u otra alternativa. Esa posibilidad y esa alternativa era conservar la fidelidad al Rey cautivo y mantener la unidad del Imperio hispano católico. Pero desafortunadamente, y dada la insensatez del Rey Fernando VII, que estuvo cautivo y que después fue liberado y que después no dejó catástrofe por implementar. Por culpa, principalmente, de esta insensatez, es que el destino de nuestra nacionalidad, el destino de nuestro país, el destino de nuestra Patria, no pudo ser otro que más que el de la lucha por nuestra legítima autonomía, por una legítima Independencia.

En el siglo XIX se destaca la figura del Brigadier Juan Manuel de Rosas. ¿Qué nos puede decir de esta figura amada y odiada por varios?
Yo diría que entronca la figura de Rosas con este verdadero mayo porque curiosamente los liberales fueron los inventores de la falsa línea Mayo- Caseros. Ellos inventaron un mayo ficticio, un mayo postizo, reivindicaron ese mayo y era lógico que a ese mayo le continuara un Caseros que fue el derrumbe definitivo de nuestra Patria con la caída de Don Juan Manuel. Pero para quienes creemos que hay un mayo hispanocatólico y que hay un mayo que deviene necesariamente en Independencia (en Independencia legítima y dolorosa, dolorosa pero legítima), para quienes creemos que hay un mayo de este porte, de esta naturaleza y de esta hidalguía, la figura de Juan Manuel de Rosas se nos hace la prolongación de ese mayo genuino. Por eso es que Rosas le rinde homenaje a Don Cornelio de Saavedra, figura tutelar y patrocinadora de este mayo auténtico y que había sido marginada y olvidada.
Entonces, la figura de Rosas es, ciertamente, la del gran restaurador, la de un gran caudillo, la de un príncipe católico, a la vieja usanza, a la usanza tradicional, y es también la figura de un gran dictador. Si las palabras no estuvieran tan envilecidas como están bastaría con decir esto, enunciarlo y callar, y el hombre de buena voluntad lo entendería. Como hoy la palabra dictadura esta asociada a procesos militares hay que aclarar que la dictadura de Rosas no tuvo absolutamente ninguna vinculación con lo que hoy desdeñosamente se considera que es una dictadura militar. La dictadura de Rosas es un gobierno fuerte como entendían los antiguos, ese gobierno de emergencia del que habla Tito Livio por ejemplo en las Décadas. Fue principalmente ese gobierno que le dio a la Patria la seguridad y el honor que reclamaba el General Don José de San Martín. La dictadura de Rosas fue preanunciada, fue prevista, fue pedida y fue exigida por el General José de San Martín antes de que Rosas asumiera. Cuando Rosas asume San Martín apoya tanto la política interior como la política exterior de Rosas y pone como modelo para todos los estados americano el gobierno de la Confederación Argentina que el dictador Rosas había forjado y había ejecutado. Digamos entonces, en síntesis hay un mayo masónico, jacobino y liberal, sí ciertamente lo hay, lo hubo y, repito, fue el que prevaleció para nuestra desdicha. Paralelamente y simétricamente hubo otro mayo un mayo hispano católico, ese mayo hispano católico cuya cabecera es Saavedra lo continua la figura de Don Juan Manuel de Rosas.

¿Qué significo el Combate de la Vuelta de Obligado?
Significó lo que el mismo General Don José de San Martín dijo en su oportunidad, que los argentinos no somos empanadas que se come sin más trabajo que abrir la boca. Significó que existía una Nación soberana y que estaba dispuesta a defender ese señorío y esa posesión territorial más allá de cualquier desventaja material o de cualquier desigualdad corpórea. Significó una gesta, significó una hazaña. Ante esa gesta y ante esa hazaña a la Argentina la saludaron las naciones más poderosas de la tierra con 21 salvas, y ante ese hecho extraordinario muchos tuvieron que, finalmente, doblegarse y darle la razón a los hechos, y convenir que Rosas era como se lo llamó después de Obligado, el grande americano.

¿Qué significo o que conceptos tiene del General Justo José de Urquiza?
Se trata de un traidor a la Patria, y de alguien que se convirtió en un mercenario, mal destino para un hombre. No siempre fue así Urquiza, supo ser un soldado federal, supo ser un soldado de Rosas. Por eso que la corrupción de lo mejor es la peor de todas. Corrompido este General federal terminó siendo un traidor.

¿Qué opina de una de las figuras fuertes del siglo XX, Hipólito Yrigoyen?
Hipólito Yrigoyen es un hombre oscuro, un hombre heterodoxo, aunque ciertamente, hay en él algunas actitudes destacables, algunas actitudes positivas, su posición a favor de la neutralidad argentina, por ejemplo. Su posición contraria al divorcio, su reconocimiento del Día de la Hispanidad que hoy insensatamente se quiere abolir y convertir en el día del respeto a la diversidad cultural. Se puede admitir que Hipólito Yrigoyen tuvo algunos gestos ponderables y encomiables, pero en líneas generales su política fue liberal, fue filomasónica por krausista, indudablemente la Revolución siguió su curso con su anuencia. La Revolución Mundial Anticristiana, a esa me refiero ya que nada hizo Hipólito Yrigoyen para contrarrestar la Reforma Universitaria del 18, ni a los grupos anarquistas y socialistas desbordados que cometieron todo tipo de tropelías y desmanes. Creo que en el balance la figura de Yrigoyen es negativa.

¿Cómo analiza el primer golpe de Estado de Septiembre de 1930?
Lo analizo como un levantamiento justo en su origen. Es justo levantarse en armas contra un poder despótico y tirano; de manera tal que, en su origen, ese levantamiento, ese alzamiento tuvo legitimidad; en su ejercicio no. Se convirtió en un mal similar al que quería combatir y terminó entregando los destinos del país a un conjunto de personajes que conformaron aquello que se dio en llamar, no sin motivos, la década infame. Es decir, que fue un alzamiento que tuvo legitimidad de origen pero no legitimidad de ejercicio.

¿El peronismo es el gran movimiento de masas de Argentina?
Sí, y en eso consiste su oprobio. No es un movimiento que haya buscado la construcción de una nación soberana sino de un pueblo demagógicamente conducido. Donde está la masa está el marxismo, es una de las consignas leninistas. A sabiendas de que está consigna era trágica y veraz al mismo tiempo el peronismo se dedicó a alimentar a las masas y tras las masas concienzudamente y demagógicamente alimentadas sobrevino después el terrorismo marxista. De modo que sí, como dicen los peronistas, es un movimiento de masas; en eso consiste no su grandeza sino su pecado.

¿Qué significó la Revolución Libertadora y todo el daño que le causó sobre todo al peronismo?
Pasa lo mismo que con la revolución del 30, hay legitimidad de origen, pero no legitimidad de ejercicio. En el origen la Revolución Libertadora fue un alzamiento justo y perfectamente comprensible y plausible, en cuanto que se trataba de derrocar a un personaje siniestro, pero esa Revolución Libertadora perdió su rumbo, perdió su cauce, perdió su quicio, marginaron al que fuera –Lonardi- su gran cabeza; y lo que vino después fue otra nueva década infame que no termina hasta nuestros días.

¿Cómo analiza la figura de Arturo Frondizi que para muchos es un gran estadista?
Ciertamente y comparativamente hablando con relación a lo que vino después se puede decir que Frondizi era un hombre más despabilado, pero comparativamente hablando. Pero en sí mismo no se puede decir que Frondizi haya sido un estadista. Fue un personaje más del régimen demoliberal y que sirvió en su momento desde la Presidencia a los mismos intereses antinacionales que el resto de sus congéneres.
Después de Caseros no creo que se salve prácticamente nadie. Yo no estoy de acuerdo con la posición historiográfica de José María Rosa, pero era un hombre chispeante por momentos, y en una ocasión dijo que las colonias felices como las mujeres decentes no tienen historia. La argentina después de Caseros fue una colonia feliz, lo sigue siendo. De modo que no tenemos historia sino una parodia, una caricatura, que hoy ha devenido en una verdadera e impúdica tragedia nacional. Entonces por cualquier personaje que me preguntes con posterioridad a Caseros, mi juicio desde ya que va a ser negativo. Creo que Rosas fue el último gran caudillo que tuvimos, el único príncipe católico que gobernó la Argentina con su gran destreza- decía Lugones- de varón acostumbrado al dominio de los potros, y después de la caída de Don Juan Manuel de Rosas la Patria entra en una degradación sucesiva.

¿Pero se puede rescatar a algún intelectual, a algún historiador?
Sí claro, se pueden rescatar a muchas personas, todas aquéllas que han luchado para que la Patria no terminara como terminó.

¿Por ejemplo?
Todo el movimiento de intelectuales nacionalistas que aparecen en el año 1927, 1928, es muy rescatable. Todo el movimiento que aparece alrededor de los llamados Cursos de Cultura Católica, en la década del 30 y del 40 es francamente plausible y rescatable. Sí, si, por supuesto.

¿Qué significó el daño que le hizo la subversión a Argentina?
La subversión le hace daño a todo lo que toca y roza, porque como la palabra lo indica está subvirtiendo, está alterando el orden. Está conspirando contra el orden natural y el orden sobrenatural. De manera tal que la subversión siempre hace daño.

¿Qué nos puede decir de uno de los crímenes de la subversión que quedó impune que fue precisamente en democracia a Jordán Bruno Genta?
En realidad los que lo mataron, sin saberlo, fueron causas segundas del plan de la Divina Providencia. Para mí, en particular, a Genta, su muerte fue lo mejor que le pudo pasar: lo convirtieron en mártir de Cristo Rey y en héroe de la Patria Argentina. Para nosotros que tuvimos el orgullo de ser sus modestos discípulos también entiendo que fue lo mejor que le podía haber pasado. Morir con prevista muerte, morir persignándose, y morir por defender el bien, la verdad y la belleza. Es una muerte envidiable, una muerte admirable. Los terroristas, con su ceguera, no se dieron cuenta de que estaban cumpliendo con el plan de Dios, de que nos estaban regalando una causa ejemplar.

¿El comunismo es parte de la Revolución Anticristiana como dice el gran Padre Julio Meinvielle?
Claro. El comunismo es una etapa del movimiento universal de la Revolución Mundial Anticristiana.

¿Qué opina del Padre Julio Meinvielle que lamentablemente hace años no se edita?
Fue un gran sacerdote católico, gran maestro, al que mucho quise, al que mucho admiré. Lo he leído con unción y con todo el provecho que he podido rescatar de sus encomiables páginas, desde ya. Además, el Padre Julio tenía una característica: no era solamente un contemplativo, sino era un hombre de acción. Hay un principio en filosofía que dice la operación sigue al ser. En él se notaba; era un hombre capaz de un recto obrar, de un prolífico obrar y de un fecundo obrar, justamente porque era un hombre de contemplación.

¿Se puede decir que el Padre Alfredo Sáenz sigue esta línea de Castellani, Meinvielle y Ezcurra?
Yo creo que sí. De todas maneras habría que preguntárselo a él, pero conociéndolo y teniendo la gracia de ser su amigo, creo que sí, que efectivamente el magisterio que trazaran el Padre Julio Meinvielle, el Padre Leonardo Castellani; ese magisterio es continuado por el Padre Alfredo; claro que sí. Es continuado, alimentado, enriquecido por él.

¿Cómo analiza el Proceso de Reorganización Nacional del año 76?
El proceso, lamentablemente, podía haber tenido legitimidad de origen, y de hecho hubiese tenido la legitimidad de origen, que era también la de derrocar a un gobierno ilegítimo. Pero desde el origen el proceso ya estuvo mal, desde el origen y después, lamentablemente, perdió una gran ocasión histórica, porque la gran ocasión histórica que tenían los militares del proceso era la de regalarnos a la Patria una guerra justa, la guerra contra la criminalidad marxista. Esta guerra justa, por sus errores, la convirtieron los Generales en una guerra llena de reproches y pasible de objeciones morales.
De cualquier manera, a pesar de que el proceso desaprovechó esta oportunidad que tenía que era la de alzarse en armas para sacudir de una vez por todas un flagelo y una peste, que es la peste del peronismo, desaprovechó esta oportunidad y entregó una vez más la economía al liberalismo, y una vez más cayó en la miopía indecible de no advertir la verdadera naturaleza de la subversión que exige una guerra contrarevolucionaria, sobre todo en lo cultural. Entonces fue un momento más del Régimen, eso fue el proceso. Un momento más en la larga y triste continuidad del régimen instalado después de Caseros, yo te decía que no hay prácticamente excepciones.

¿De la Guerra de Malvinas que opina?
Fue una guerra justa, una guerra justa que dio sus frutos y sigue dando sus frutos.

¿Por qué piensa que hay un proceso desmalvinizador a partir del 83, que no se toca el tema Malvinas?
Porque si no se desmalvinizaba la Argentina no se le quitaba a la Patria lo bueno que había tenido en aquéllos días gloriosos y que había resplandecido, ¿Cómo podía soportar el enemigo eterno de la argentinidad, cómo podía soportar que la Argentina resplandeciera?, ¿Cómo podían soportar lo que Malvinas significaba?: Malvinas significaba la lucha contra Gog y Magog, contra Albión. Era un peligro para los enemigos de la Patria que lo que Malvinas significaba y emblematizaba, corroboraba y sellaba con su sangre, se expandiera y se consolidara. Era un peligro; entonces apuntaron todos los cañones a la desmalvinización y lo lograron.
Malvinas fue otra deuda del proceso, una lamentable deuda del proceso. Por eso digo un alzamiento militar que hubiera tenido legitimidad de origen y de que hecho la tenía pero se desfiguró por su propio origen. El proceso estalla después de haber abortado un levantamiento mucho más puro que era el del Brigadier Capellini. Entonces abortan el levantamiento de Capellini en diciembre del 75 porque no estaban dispuestos a soportar un levantamiento con el sello del nacionalismo católico e inventan otro, cuyo origen es liberal.
Santo Tomás dice que un error pequeño al principio es grande al final, empezaron con un error y terminaron con errores mayúsculos. Lamentablemente durante los años del proceso se produjo este estallido de una guerra justa como la Guerra de Malvinas, esperada desde hacía mucho tiempo atrás por los verdaderos patriotas y desaprovechada, por lo menos en términos humanos. A la luz de la eternidad Dios sabe que los héroes siempre fecundan una Nación, y la sangre de los héroes siempre es una sangre derramada para bien de una Nación.

Tomado de:
http://lahoradejuancruz.blogspot.com.ar/2010/09/historia-argentina-entrevista-al-dr.html

sábado, 24 de septiembre de 2011

LUIS ALEN LASCANO, MAESTRO DEL REVISIONISMO SANTIAGUEÑO

El 25 de septiembre de 2010 los santiagueños perdimos a uno de los máximos exponentes de nuestra cultura. En ese triste día se nos fue don Luís Alen Lascano.

Para quienes no lo conocieron, digámoslo de entrada nomás, cosa que no quede ninguna duda; el maestro Luís Alen fue un eminente historiador identificado con el revisionismo histórico; hispanista y católico declarado; investigador, maestro, y divulgador de los hechos de nuestra historia, enfocados desde una óptica nacional.  

Había nacido en Santiago del Estero, un 10 de octubre de 1930. Ejerció la docencia en varios colegios de nuestro medio y fue profesor por concurso en la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Santiago del Estero.

Siendo muy joven se unió al Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas. Mas adelante, su solvencia intelectual le permitió formar parte de la Academia Nacional de Historia, así como de diversas instituciones prestigiosas, entre ellas la Academia Sanmartiniana.

En lo político Lascano provenía del radicalismo irigoyenista y como tal adscribió al pensamiento de Raúl Scalabrini Ortiz, Arturo Jauretche y Homero Manzi. Fue candidato a diputado por el radicalismo en 1954 y 1958, y diputado nacional constituyente en 1957. Se desempeñó como diputado provincial en 1963-1966.

Su obra historiográfica abrevó en autores de la talla de Adolfo Saldias, Vicente Sierra, Manuel Galvez, José Maria Rosa y Ernesto Palacio. Escribió numerosos libros, opúsculos y artículos, así como una gran cantidad de  prólogos a libros ajenos.

De su producción podemos destacar “Ibarra y el federalismo del norte”, libro en el que reivindica la figura del caudillo santiagueño, y que fuera premiado por la Comisión Nacional de Cultura del Ministerio de Educación Nacional en 1970.

Igual mención, en esta apretada nota, merece su obra “Rosas, el gran americano” escrita en 1975. En ella Luís Alen Lascano traza una excelente síntesis de la vida de don Juan Manuel de Rosas, resaltando el enfrentamiento del Restaurador tanto con la oligarquía portuaria como con la clase terrateniente durante el bloqueo imperialista.

Su obra monumental, sin lugar a dudas, fue la “Historia de Santiago del Estero”; punto de referencia obligado de todo aquel que quiera estudiar el pasado santiagueño. Su importancia es tal que, como dijo el Dr. Raúl Lima, “en ella abrevaron legiones de alumnos del profesorado de historia, y todos nuestros profesores y licenciados de historia”[1].

Algún día se deberá hacer una adecuada reseña de su ingente producción, así como un concienzudo análisis de sus aportes. 

Digamos finalmente, y ya en el plano humano, que Luís Alen Lascano no solo fue un brillante historiador sino que también fue un distinguido caballero, amable y servicial con todos los que requerían de sus servicios. Justamente por ello fue director de numeroso tesistas, a quienes les brindo generosamente su apoyo y su biblioteca. Lamentablemente muchos de sus antiguos discípulos se olvidaron del gigante sobre el cual se montaron oportunamente y hoy alejados de su magisterio caminan henchidos de orgullo a pocos metros del terrenal suelo.

Vaya entonces de nuestra parte el agradecido reconocimiento, y el justísimo homenaje, para aquel que providencialmente nos develó la verdad de nuestro pretérito y nos brindó la calidez de su persona.


                                                                     Dr. Edgardo Atilio Moreno


[1] Revista La Columna. Sgo del Estero. Abril 2011

domingo, 17 de julio de 2011

In memoriam: Prof. Roque Raúl Aragón

RECORDANDO AL AMIGO

El pasado 15 de julio fue llamado al Padre nuestro querido amigo Roque Raúl Aragón.

A manera de recordatorio, mientras pedimos por su querida alma, transcribimos aquí algunos párrafos de una conferencia suya, que dictara en 1993, acerca de la legitimidad de la conquista española en América.

“…Se habla mucho ahora de la conquista, en esta otra polémica desatada con motivo del quinto centenario, como si la conquista fuese una cosa inusitada, un fenómeno desconocido, cuando en realidad es lo más común que hay en la tierra: no hay ningún pueblo en la tierra que sea aborigen del lugar donde vive, todos llegaron por un acto de conquista, próximo o remoto.

“Lo que tiene de original y único la conquista española es que se cuestiona a sí misma, se hace un problema de conciencia: ¿tengo derecho o no tengo derecho? ¿Puedo predicar el Evangelio haciendo al mismo tiempo un acto de conquista? ¿o el acto de conquista es una negación del Evangelio que predico? Esto sólo España se lo ha planteado, y todos los argumentos contra España vienen de España, han circulado libremente en España, porque en ningún lugar se respeta más la libertad que en una sociedad realmente católica: catolicismo y libertad son la misma cosa.

“Y en este asunto de la conquista, cuando el Padre de las Casas arremete contra las encomiendas, se encuentra con Ginés de Sepúlveda, un teólogo que lo contradice radicalmente, pues el Rey —que tenía sus escrúpulos de conciencia— fomentaba los debates contradictorios para clarificar estos temas. Ginés de Sepúlveda fundamenta abundantemente su tesis de que los bárbaros deben ser reducidos a servidumbre, ya que los indios son inferiores a los españoles, como lo son los niños respecto de los adultos: estos indios no pueden ser llevados a la fe por la sola predicación, porque en cuanto se retiran las guarniciones armadas ellos mismos matan a los misioneros y repelen la fe recibida. Sólo pueden ser elevados a la fe por la fuerza, como en el «fuércenlos a entrar» de la parábola del banquete (San Lucas, 14, 15-24). Esto lo aplica Ginés de Sepúlveda a la actitud que se debía tener con los indígenas ineptos. Y si bien no se podía atacar con armas a los paganos por el solo hecho de su infidelidad —decía éste— sí se puede cuando su idolatría recurre a prácticas inhumanas, como en la Nueva España, donde anualmente se inmolaban 20.000 hombres a los demonios.

“Nosotros hemos sido llevados a considerar estos ataques a los indios como cosas grave, atentados a los derechos humanos, pero sin tener en cuenta que los indios no eran unos angelitos y sometían a sus propios hermanos de raza a crueldades que solamente se explican por su entrega a prácticas realmente diabólicas.

“Cuando Hernán Cortés sube al templo, en un arrebato que relata Bernal Díaz, se coloca al lado de los ídolos horribles y los precipita escaleras abajo. Esas escaleras —dice Bernal Díaz— estaban cubiertas por tres pulgadas de sangre de los sacrificios humanos que allí se hacían. Y así se acaba el horror, reemplazando aquellos ídolos con la imagen de la Virgen. En Hernán Cortés hay una grandeza excepcional: él sabe que lo sagrado y los ídolos son incompatibles, que donde están los ídolos no hay nada sagrado, y donde está lo santo no hay ídolos. Cortés no era un respetuoso de las conciencias de los índígenas, quienes promovían las guerras para proveerse de víctimas humanas para sacrificar a los ídolos: Cortés era un servidor de Dios y actuaba en consecuencia.

“España se destaca por haber hecho una unidad entre la fe y la nacionalidad: ser español es ser católico y, de alguna manera, ser católico es también ser español. España fuisiona la fe con la empresa política de la conquista, y esto, porque no fue «ecumenista», porque combatió a los ídolos, porque si bien no se preocupó mucho por dar una instrucción pormenorizada del Evangelio, sí se preocupó porque renunciaran a Satanás y admitieran la gloria de Cristo, y esto es la esencia del bautismo. Así se ha bautizado América: combatiendo a los ídolos (…)

“Si el catolicismo ha de reconquistar América, ha de ser reasumiendo esa unidad inextricable de nacionalidad y de fe”.

Roque Raúl Aragón
Tomado del blog de Cabildo (Agosto 2007)
La foto que ilustra la nota fue tomada en ocasion de dicha conferencia y publicada en la revista Iesus Christus Nº 31

jueves, 5 de mayo de 2011

Homenaje al maestro Julio Irazusta

1982 -5 de mayo- 2011

Desde lejos, a destiempo, vengo a despedirte maestro querido, “hermano de la luz del alba”.
Con la tinta ensombrecida por el dolor irrestañable, pero también, con la alegre tinta del dolor triunfante.
El Señor de la Historia te brindó una merecida, rilkeana, muerte propia, a ti, el amante no correspondido de la Argentina (…)
Has muerto saludado por las salvas de los fuegos antiaéreos y de los misiles, levantados hasta el cielo por los atletas de la juventud heroica que a esa hora morían en Malvinas, en el campo de la batalla atlantica (…)

Dios te dotó, de modo impar, del eje diamantino del patriotismo, invulnerable al desaliento, inaccesible al pesimismo.
Por que disponías de una fe absoluta, sin beneficio de inventario, en el destino de la grandeza patria. Por que en ti alentaba, como en nadie, la esperanza contra toda esperanza, aunada con la caridad generosa para con los connacionales extraviados en las penumbras del ciclo agonizante (…)

Se que tus facetas eran múltiples: filósofo político, historiador revisionista, crítico literario, militante nacionalista, ensayista de temas universales.
Que tenías una inteligencia profunda, laboriosamente cultivada al estilo clásico, del humanista sereno que con lucidez develaba la realidad escondida a los profanos. Que contabas con una voluntad acerada, entusiasta, coherentemente asociada a tu mentalidad –espejo esplendido de tu celebre idea de la “Voluntad Esclarecida”, colocada sin desmayos al servicio del Bien Común. Que aliabas tu pensamiento y tu volición al sentimiento hondo, entrañable, de la amistad dispensada con nobleza, al exquisito sentido del honor y al gesto señorial, que de casta te venía.
Que todos esos meritos reunidos arrojaban el saldo lógico del hombre ejemplar, del maestro singular, de quien renunció por anticipado a los honores fáciles de la vida vana, para quedarse a la intemperie de los fastos oficiales y así mejor velar por su amada patria.

Enrique Diaz Araujo


Lejana despedida, en Homenaje a Julio Irazusta, Mendoza 1984
Publicada en Cabildo. Tercera época, Nº 64.

martes, 19 de abril de 2011

Falsificando a Orestes Di Lullo

Entre los pocos intelectuales que puede exhibir Santiago del Estero se destaca la figura de Orestes Di Lullo; a quien Marcelo Sánchez Sorondo llamó con justicia, “el Lugones santiagueño”. Orestes Di Lullo formaba parte de una asociación cultural denominada “La Brasa”, fundada en el año 1925 por Bernardo Canal Feijóo, a la cual se le integraron pensadores de diferentes orientaciones ideológicas. El objetivo de aquel nucleamiento fue reflexionar sobre los problemas de la provincia, la región y el país, frente al modelo oligárquico liberal. Durante mucho tiempo estos hombres estuvieron olvidados; sin embargo ultimamente, desde ciertos ámbitos oficiales, surgió la idea de rescatar los aportes que estos pensadores hicieron a la cultura en Santiago del Estero. En ese marco, durante los días 4, 5 y 6 del mes de septiembre pasado, se realizaron unas jornadas sobre el pensamiento de Orestes Di Lullo. En dicha oportunidad, quienes se abocaron a estudiar al prolífico autor tuvieron que enfrentarse con un problema. Resulta que Di Lullo perteneció claramente a aquella corriente política que se conoce como “el nacionalismo católico”; circunstancia que obviamente vino a colocar en una incomoda situación a sus pretensos reivindicadores, identificados en general con el pensamiento progresista. La solución que encontraron fue la más fácil: recurrir al expediente típico de escamotear parte de las ideas del autor y hacer una interpretación “políticamente correcta” del resto. Así fue que el Di Lullo, nacionalista convencido, católico fervoroso, hispanista declarado, revisionista histórico y defensor del corporativismo; se convirtió por obra y desgracia de estos malabaristas en una especie de demócrata cristiano, progresista y cuasi indigenista. De esta innoble tarea falsificadora se ocuparon principalmente los filósofos putativos Gaspar Risco Fernández y Alejando Auat. Tan solo se sustrajo de ese afán el historiador Luis Alén Lascano y algún otro panelista que se ocupó de aspectos puntuales de la vasta obra de Di Lullo. En general, la estrategia consistió en reconocer lo que sostenía el autor para inmediatamente hacer aclaraciones contradictorias salidas del caletre de los comentaristas. De manera tal que no habló el autor, sino los falsificadores. Así —por ejemplo— se dijo que era hispanista pero que no dejó de lado lo étnico; como si Di Lullo pensara que cultura es cualquier cosa y no la labor de la inteligencia llevando una cosa a su perfección según su naturaleza. Se puso de manifiesto su defensa de la postura católica frente a los partidarios de la educación laica, pero se pretendió que el relato que hizo de leyendas y mitos del monte santiagueño fuera una especie de aval al paganismo. Se reconoció que supo exaltar al caudillo Felipe Ibarra, pero se aclaró que no fue porque adhiriera al revisionismo, sino porque Ibarra amó a su tierra, como si ése no fuera el motivo de los revisionistas para reivindicarlo. Etc, etc. De todo esto, lo más grave fue la permanente deformación del concepto de identidad que manejó el autor. Di Lullo, al igual que otros nacionalistas de aquellos años, se abocó con ahínco a develar nuestra identidad nacional; para ello hizo lo lógico, se enfocó en nuestro nacimiento como Nación —pues para saber lo que algo es hay que ir a su origen— de modo entonces que penetró en el plexo axiológico de nuestra cultura fundacional para encontrar los caracteres fundamentales de nuestro Ser nacional. El método que utilizó fue novedoso y, por ende, fue uno de los pioneros en utilizarlo (el otro fue Carrizo); consistió en interrogar a los paisanos del campo santiagueño acerca de las coplas que conocían de sus mayores. De aquellas canciones se desprendía toda una cosmovisión reveladora de nuestra identidad hispanocatólica. Hoy esto se llama estudios etnográficos y trabajos de campo; Di Lullo lo llamaba simplemente “visitas”. Además, Di Lullo no sólo registró los vestigios de nuestra cultura fundaciona: a la par, comprobó también la acción negativa de la modernidad materialista y utilitaria, es decir, la devastación que ella significaba para nuestra economía y nuestro estilo de vida. Ante estos males propuso el rescate del proyecto de cristiandad hispánica como un pivote a partir del cual construir un proyecto de nación. En definitiva, toda la obra de nuestro autor puede ser resumida en un afán de autoconocimiento y de autoafirmación del Ser, con el objeto de encontrar respuestas sobre el camino a seguir en plena fidelidad con ese Ser. No fue más que una aplicación del viejo principio que aconseja conocer quienes somos, de donde venimos, para saber adónde debemos ir. Ahora bien: toda esta reflexión filosófica la hizo obviamente desde la filosofía del Ser; es decir, concibiendo a la identidad como algo fijo, algo que permanece a pesar de los cambios y que nos hace ser una cosa y no otra. Sin embargo, sus comentaristas se empeñaron especialmente en deformar esta visión diciendo que la identidad no es una esencia inmutable, que es algo que fluye, que se construye, que conlleva la conflictividad, la diversidad, etc. Es decir, dieron vuelta el pensamiento del autor. Con ese criterio la obra de Di Lullo y en general todo intento de reafirmación de nuestra identidad no tiene sentido. ¿Para qué indagar sobre algo que cambia? ¿Para qué tratar de conocer nuestro Ser, si se postula su traición y se reivindican culturas alejadas del orden natural? Lejos de todo relativismo cultural, y mal que le pese al progresismo, Orestes Di Lullo reivindicó nuestra identidad hispanocatólica y postuló ese legado como un mandato de fidelidad a lo heredado, a los fines de recuperar el honor y la gloria perdida.  

Dr. Edgardo A. Moreno Publicado en "Cabildo", Nº 77, octubre del 2008.