miércoles, 5 de septiembre de 2012

DON JOSÉ DE SAN MARTÍN, PADRE DE LA PATRIA INDEPENDIENTE

Por: Fernando Romero Moreno

El caso de San Martín es un caso polémico en ambientes tradicionalistas y católicos. Es innegable que al pedir la baja del Ejército español en 1811 – cuando toda España estaba ocupada ya por Napoleón – y decidir su vuelta a América, estaba influenciado por cierto liberalismo al estilo inglés, moderado y en todo caso, no hostil al catolicismo. Su pertenencia a la Masonería no está probada y, lo que es más importante, toda su actuación pública parece revelar un accionar contrario a los intereses de Inglaterra, de la Masonería y de los liberales criollos o peninsulares. Eso no implica que pudiera pertenecer a cierta masonería irregular, lo que explicaría ciertas conductas, escritos y hechos de su vida. De hecho, cierto pensamiento ilustrado lo mantuvo a lo largo de su existencia (se nota en muy pocas cartas privadas, en la semblanza de algún contemporáneo y en las Máximas a su hija) pero el tono general de su vida privada y sobre todo su actuación como hombre público (como Jefe del Regimiento de Granaderos a Caballo, como Gobernador de Mendoza, como Jefe del Ejército de los Andes, como Protector del Perú, como enemigo del gobierno de Rivadavia y como admirador de la Dictadura de Rosas) es la de un hombre profundamente respetuoso de la tradición católica americana y, a su manera, la de un católico más o menos práctico. Muy difícilmente un liberal hiciera rezar diariamente el Rosario en el Ejército como lo hacía San Martín, pedir más capellanes para sus oficiales y soldados, tener él un capellán y oratorio personal, honrar a la Virgen del Carmen como Patrona del Ejército de los Andes, declarar al catolicismo la religión oficial del Perú, fundar una Orden aristocrática (la Orden del Sol) bajo el patrocinio de Santa Rosa de Lima…y proyectar una gran monarquía católica americana e independiente, con un Príncipe Español a la cabeza y sin la Constitución de 1812, como le propuso al Virrey La Serna en la Hacienda de Punchauca (siendo obstaculizado en esto por el masón General Valdés, enviado por Fernando VII). Ni, fracasada la propuesta del monarca español, enviar a buscar Príncipes europeos (ingleses, rusos, austríacos, etc) con la expresa condición de que fueran católicos y vinieran a garantizar la Independencia americana. Como afirma un historiador americano, la historia de la Independencia parece ser la de la lucha de los Libertadores (San Martín, O´Higgins, Bolívar, Iturbide) contra los liberales. Los conflictos que pudo tener San Martín con ciertas autoridades eclesiásticas no fueron de índole religiosa, sino política (como en el Perú), y además se trató de algo excepcional.

Los proyectos de San Martín se remontan al momento de su llegada al Río de la Plata (1812), cuando discute con Rivadavia por la forma de gobierno - oponiéndose a la exigencia masónica de instalar repúblicas en América - , y se extienden a lo largo de toda su vida, siendo de especial importancia sus recomendaciones monárquicas al Congreso de Tucumán (1816) y las propuestas en el Perú (1821-22).

Que San Martín estuvo vinculado a los ingleses no ofrece mayor dificultad: toda la España que combatía a Napoléon lo estaba. Que tenía algunas influencias liberales en su pensamiento (como se desprende de los recuerdos de Mrs. Graham, de algunas cartas a Guido o de referencias al estilo de la leyenda negra) tampoco, pues poco influyeron en su vida política y no fueron permanentes en su intimidad. En su vida pública San Martín obró habitualmente - con alguna excepción - en sentido católico, monárquico y si no tradicionalista, al menos conservador. Escribió además en contra de las teorías liberales, socialistas y comunistas y en favor de la religión y la tradición. Que por otro lado no obedeció a los intereses ingleses se desprende de su lucha constante por la Independencia, hecho que Gran Bretaña no apoyaba desde 1808. Esto es importante aclararlo, pues aún hoy se sigue insistiendo en que Inglaterra fomentó la Independencia americana: eso fue así hasta la invasión napoléonica a la Península. Luego actuó como intermediaria, procurando que los gobiernos americanos garantizaran la libertad de comercio y la libertad de cultos, pero procurando un entendimiento con Fernando VII y obstaculizando todo intento de independencia de los Reinos de Indias. En el Río de la Plata esto es conocido, sobre todo siguiendo la actuación de Lord Strangford. Y el Libertador - que en 1816 había dicho que nada podía esperarse de los ingleses - propuso precisamente lo que Inglaterra no quería, como es de sobra conocido: la Independencia de Sud América, tratados comerciales favorables a España y la construcción de una gran monarquía que uniera Chile, Perú y el Río de la Plata bajo la Corona de un Príncipe Español. En tal sentido, el ofrecimiento de Punchauca y Miraflores parece sincero porque a pesar de la carta a Miller, lo dicho allí se contradice con la que le escribió a Riva Agüero, y además están los testimonios de Guido, Abreu, García del Río, la última carta del propio San Martín a La Serna (poco antes de viajar a Guayaquil) y las tratativas de llegar a un acuerdo con la Madre Patria que hizo a través de su hermano Justo Rufino, que trabajaba en la Secretaría de Guerra de España. Mitre, que tuvo toda la documentación sobre el Libertador en sus manos, la da por cierta, criticándolo porque – según su opinión- de este modo los americanos perdíamos el apoyo de EE.UU, nos ligábamos a la política "reaccionaria" de la Santa Alianza y abandonábamos el camino "republicano" de la Independencia (república que en realidad nunca estuvo en la cabeza de sus protagonistas - salvo de la minoría liberal -, como puede advertirse conociendo la discusión al respecto del Congreso de Tucumán)

El conflicto con la masonería peruana y rioplatense se deduce leyendo las Memorias de Iriarte. Y probablemente sea cierta la interpretación de que eso explique el "secreto" de Guayaquil, como sugiere Steffens Soler.

La postura contraria a San Martín de algunos tradicionalistas puede refutarse diciendo que, de obrar en sentido contrario, San Martín hubiera tenido que seguir peleando en una España que en 1812 casi no existía (¡y al mando de Beresford, el jefe de las tropas británicas que invadieron Bs. As en 1806!) o luego ser cómplice de los militares iluministas que nos mandó Fernando VII (Morillo y más precisamente Valdés, el General masón, Venerable de la Logia en Perú y que fue quien se opuso al ofrecimiento de Punchauca). O aceptar la unión con España de un modo contrario a la Tradición: aceptando la Constitución de 1812 (como pedía el Rey en 1821, luego de la Revolución de Riego) y bajo un régimen centralizado, contrario a la autonomía que América tenía desde tiempos de Carlos V. ¿Quién era pues más tradicionalista? Lo de Punchauca es similar al Plan de Iguala de Iturbide, y de allí que fuera alabado por algunos monárquicos europeos de la Santa Alianza. Por otro lado, San Martín no “huyó clandestinamente” de Cádiz, sino que pidió la baja del Ejército Español, que le fue concedida con uso del grado y uniforme. Y a esa decisión llegó, probablemente y como otros americanos, por la gran persecución que estos sufrían en la ciudad española, como se desprende del epistolario del logista venezolano López Méndez, de probada ortodoxia católica. Nada tuvo que ver en esto la influencia de Miranda – que sí estuvo al servicio del Imperio inglés-, a quien San Martín jamás no conoció ni tuvo el más mínimo compromiso político.

El hilo conductor que explica algunos misterios en la vida del Padre de la Patria independiente, parece ser este: San Martín comenzó a pelear por la independencia de América cuando la Península estaba ya totalmente ocupada por Napoléon y luego contra la testarudez de Fernando VII, a pesar de los ofrecimientos de paz del gobierno rioplatense (en 1814) o del propio San Martín en el Perú. Con España o sin España, San Martín propuso la unión de Perú, Chile y el Río de la Plata bajo una monarquía católica. Fueron los masones Valdés y Rivadavia quienes combatieron este proyecto hasta lograr vencer a San Martín, quien sin embargo no dudó en apoyar al Partido Federal y sobre todo al Restaurador, que defendían los intereses americanos y la Tradición hispano- criolla en el Río de la Plata.

Todo esto está muy bien documentado en los libros de Ibarguren, Díaz Araujo y Steffens Soler. Hay que leerlos detenidamente y que el árbol (cierto liberalismo marginal de San Martín) no tape el bosque (el proyecto de monarquía católica con príncipe español a la cabeza y luego el apoyo a Rosas).

No se comprende esto, por otro lado, sin conocer el contexto en que se dio el proceso emancipador: el progresivo incumplimiento de los Borbones respecto al pacto explícito de Carlos V con los Reinos de Indias (1519), por el que se garantizaba su autonomía – incumplimiento que se dio por el Tratado de Permuta de 1750, la expulsión de los Jesuitas, la Conferencia de Bayona, la alianza del Virrey Elío con los portugueses y la represión violenta de Fernando VII a las Juntas americanas - que condujeron a los pueblos del Nuevo Mundo de un planteo inicialmente autonomista a uno más decididamente emancipador. Los argumentos jurídicos esgrimidos en el Manifiesto del Congreso de Tucumán son claros en ese sentido. Lo mismo había sido expuesto por Mariano Moreno en su polémica con el Marqués de Casa Irujo, por Fray Francisco de Paula Castañeda (quien dijo que debíamos emanciparnos con el honor propio de quienes habíamos sido hijos y súbditos de la Corona, porque entre otras cosas, "por Castilla somos gente"), por Don Juan Manuel de Rosas en su discurso de 1835 y por las cartas al propio Rosas de Tomás Manuel de Anchorena - partícipe de los hechos de Mayo de 1810 y Congresal en Tucumán -. Que en la Independencia actuaron también liberales y masones es algo similar a lo que ocurrió en España en la Guerra contra Napoleón. Pero el primer grito de autonomía se dio en el Río de la Plata bajo el lema "por Dios, por la Patria y el Rey". La Guerra de la Independencia no fue una guerra ideológica (hubo tradicionalistas y liberales en ambos bandos), ni étnica (hubo criollos y peninsulares en un lado y en el otro) ni religiosa (masones y católicos actuaron por igual a favor o en contra de la emancipación americana). Fue una guerra separatista, fundada no en los principios abstractos del nacionalismo moderno (principio de las nacionalidades, autodeterminación de los pueblos) sino en aquellos derechos concretos reconocidos en el Fuero Juzgo, las Leyes de Partidas y sobre todo las Leyes de Indias, que garantizaban para nuestro caso que América era intangible, inalienable y autónoma


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