viernes, 26 de abril de 2019

DÍAZ ARAUJO, Enrique. San Martín: cuestiones disputadas

Sebastián Miranda


A los que estamos acostumbrados a leer sus libros, Enrique Díaz Araujo no nos deja de sorprender por la calidad cada vez mayor de sus trabajos. Si bien sabemos que al encontrarnos con un escrito nuevo podemos esperar una rigurosidad académica excepcional unida a un compromiso irrenunciable con los valores fundamentales de nuestra nacionalidad, esta vez se ha superado ampliamente. Puede afirmarse sin lugar a dudas que San Martín: cuestiones disputadas es uno de los libros de Historia más importantes que se han escrito en las últimas décadas.

El primer tomo está dividido en una parte general y dos secciones. En la parte general y la primera sección autor realiza un análisis historiográfico preciso y minucioso de los libros escritos sobre El Libertador, comenzando por la Historia de San Martín y de la Emancipación Sudamericana de Bartolomé Mitre1, origen de gran parte de los mitos y falsedades sobre la vida del prócer. Cada aspecto es desmenuzado cuidadosamente y estudiado en profundidad hasta agotarlo, ubicándolo en su contexto histórico correspondiente.
En la segunda sección se estudian detalladamente:
El paso de J. F. de San Martín por España, las causas de su retiro del ejército peninsular y su relación con los británicos. En este tema tan debatido, E. Díaz Araujo documenta las razones del retiro, atribuyéndolo a la hostilidad que sufrían los americanos por parte de la población local de Cádiz. Este rechazo estaba directamente vinculado a la inminente entrega a los franceses por parte del Consejo de Regencia que, además, había adoptado un perfil de gobierno netamente liberal y tiránico como lo denominó el entonces mayor J. F. de San Martín. Las manifestaciones de repudio popular y las acciones contra los oficiales del ejército, a los que muchos pobladores consideraban cómplices del gobierno, llevaron al asesinato del general Francisco María Solano (29 de mayo de 1808), caraqueño, superior del Gran Capitán. En el mismo tumulto que terminó con la vida del venezolano, el futuro Libertador de América salvó milagrosamente su existencia refugiándose en una iglesia. En este punto, el historiador refuta la tesis de la participación británica en el retiro de J. F. de San Martín, abordando la cuestión de su supuesta acción como agente inglés vinculado a la masonería, tan difundida en los últimos tiempos. También trata el Plan Maitland, tema que retoma varias veces en los siguientes capítulos. Podemos afirmar que esta tesis, más parecida a la calumnia, es demolida por el escritor mendocino. Vinculado con su rechazo a la masonería, E. Díaz Araujo desarrolla diversos aspectos de la religiosidad del Libertador, tanto en su vida pública como en la privada a través del estudio de una gran cantidad de documentos. Esta parte del libro es sumamente interesante porque aborda aspectos, además de polémicos, poco conocidos de la vida del Gran Capitán.
Su actuación en el Ejército del Norte y las causas de su retiro del mismo. Se estudia: su llegada a América, la formación del Regimiento de Granaderos a Caballo y su nombramiento como comandante del Ejército del Norte. Este punto resulta especialmente atractivo para el lector porque el historiador lo vincula con la existencia previa, o no, del Plan Continental, refutando las tesis que consideran que dicho plan ya estaba en la mente de J. F. de San Martín cuando vino de Europa relacionándolo con el Plan Maitland. La decisión de realizar las operaciones sobre Chile y posteriormente sobre Perú habría surgido en el momento dada la evolución de los sucesos, especialmente en el país transandino, y no como algo pensado y elaborado en Europa antes de la llegada a América. De esta manera también el historiador desvincula el Plan Continental del apoyo británico, descartando nuevamente el rol del Libertador como supuesto agente inglés, tan promocionada por los calumniadores y vendedores de rumores actuales.
 Su gestión en el gobierno cuyano y aspectos puntuales de la campaña a Chile. Se desarrolla la temática de su desempeño al frente de la Intendencia de Cuyo, la organización y financiación del Ejército de los Andes.
Su relación con Carlos María de Alvear. Se reitera a lo largo de los dos tomos esta cuestión dado que los conflictos con su antiguo compañero de la Logia Lautaro han sido uno de los principales orígenes de las calumnias en torno a la figura del Libertador.
Sus ideas políticas. Este tema es, sin duda, uno de los más interesantes de la obra y sobre el mismo se vuelve una y otra vez, analizando minuciosamente documentos oficiales y cartas privadas. Se destaca la clara opción de J. F. de San Martín por los gobiernos que promovieron la religión católica, el orden y la cultura. El Libertador relacionaba directamente estos gobiernos con la monarquía y el rechazo al liberalismo que introducía el desorden, la división y la anarquía. La oposición al planteo de B. Mitre y sus repetidores resulta entonces una constante sobre la que E. Díaz Araujo vuelve permanentemente dando una destacable solidez a sus argumentos.
Su tarea como Protector del Perú. Previamente se estudia la preparación de la campaña al Perú, los conflictos con el Directorio y su perfil como estratega militar, brillante por cierto dada la inferioridad de fuerzas con las que contaba al iniciar las acciones sobre Perú. Resulta destacable el pormenorizado estudio de las medidas tomadas durante su gestión como Protector el Perú vinculando muchas de ellas al monarquismo del Libertador y a su respeto por la religión católica. Es notable y es una constante que se repite a lo largo de los dos tomos, como el historiador mendocino no solamente fundamenta la tesis sostenida sino que analiza minuciosamente las contrarias y las refuta punto por punto. En esta cuestión se contraponen las tesis que lo consideran republicano contra las que sostienen que era monárquico, demostrando el autor la certeza de esta última visión. Otra temática vinculada, y que es retomada por el historiador, es la refutación del carácter antihispánico de J. F. de San Martín. Apoyado sobre un enorme aparato documental, E. Díaz Araujo demuestra una y otra vez que el Gran Capitán no era partidario de una ruptura abierta con el sistema establecido por España en América, sino que lo que rechazaba eran algunos aspectos del mismo y-contrariando las tan difundidas ideas de B. Mitre que han sido adoptadas prácticamente como si se tratara de un dogma- lo que el personaje estudiado no quería adoptar era justamente la novedad, es decir las ideas de un liberalismo netamente jacobino postuladas por los nuevos gobiernos formados en la metrópoli a partir de la irrupción de las ideas de la Ilustración.
El enfrentamiento con la logia provincial rivadaviana y las masónicas en general. Se trata de uno de los temas que ha sido, deliberadamente, más ocultado sobre la vida del general J. F. de San Martín. Fiel a su estilo de no rehuir el debate e ir directamente al punto central de las cuestiones más polémicas, E. Díaz Araujo aborda la responsabilidad de la logia rivadaviana y las masónicas en las enormes dificultades que debió padecer el Libertador en Perú. La oposición de J. F. de San Martín al liberalismo que en esos momentos generó una alianza entre los gobiernos americanos proclives a esta ideología y las autoridades españolas, fue una causa directa del nulo apoyo que recibió de parte de los responsables de dirigir políticamente la emancipación de América desde Buenos Aires. El no envío de recursos y la guerra de zapa constante, reflejada en numerosos documentos del Libertador, forman una sólida evidencia de la tesis sostenida por el autor. En forma contundente, el historiador atribuye a este factor el hecho de que el Gran Capitán no pudiera concluir la campaña en el Perú.
La relación con Simón Bolívar y los pormenores de la entrevista de Guayaquil. Nuevamente, sin rodeos, E. Díaz Araujo va al nudo de la cuestión, refutando, una vez más, la tesis mitrista de los desacuerdos entre ambos próceres. Otra vez se entrelaza la retirada de J. F. de San Martín con la abierta guerra que las logias masónicas y el gobierno de Buenos Aires ejercieron contra el Libertador.
Sus dolencias. Si bien no es un tema central, el autor incluye el análisis de las enfermedades y aprovecha la oportunidad para desmentir las burdas acusaciones de los calumniadores de J. F. de San Martín que lo calificaban como adicto al opio. Capítulo aparte merece que las constantes enfermedades -producto de una vida transcurrida a la intemperie, de campaña en campaña en medio de las adversidades-agrandan el arquetipo del Libertador que fue capaz de hacer todo lo que hizo a pesar de estar afectado por gravísimas dolencias que en varias ocasiones lo llevaron al borde de la muerte.
Las causas de su retiro y la partida al exterior. Relacionado con los puntos anteriores, se explican los pormenores del hostigamiento que padeció durante su estancia en Perú, en Mendoza y su marcha al exilio en Europa. Tergiversados por la historiografía mitrista, estos sucesos están directamente ligados a las acciones de la logia rivadaviana. Se trata de una de las cuestiones menos abordadas en las biografías del Libertador.
El segundo tomo se divide en una tercera sección y una parte especial.
En la tercera sección se estudian con profundidad:
El enfrentamiento con el Partido Unitario y el retorno del Libertador en 1829. Se retoma la cuestión del hostigamiento de la logia provincial encabezada por B. Rivadavia y su rol decisivo en el exilio del general. Se aborda el fallido retorno a la Argentina y las causas de que no llegara a desembarcar en Buenos Aires.
Los intentos del general J. F. de San Martín y otros próceres americanos por reestablecer la unidad de la Patria Grande. Otro punto interesantísimo y poco conocido. Contrariamente a la visión que se tiene sobre un J. F. de San Martín inactivo y retirado a la vida privada, E. Díaz Araujo desarrolla las constantes acciones del Libertador para retomar los intentos por lograr la unidad de Hispanoamérica
La relación con Juan Manuel de Rosas y el Partido Federal, especialmente a través del estudio de la correspondencia entre ambos próceres. Vinculado con el hostigamiento que sufrió por parte del Partido Unitario, se desarrollan las relaciones con los federales a través del intercambio epistolar entre J. F. de San Martín y J. M. de Rosas y cartas dirigidas a terceros. Se trata de otro de los aspectos de la vida del Libertador ocultado por la historiografía liberal. Siguiendo el pensamiento que tuvo a lo largo de toda su vida, el Gran Capitán nuevamente se inclina por los gobiernos que garantizaran el orden. Otro aspecto tratado es el importantísimo rol del Libertador durante los bloqueos francés y anglo-francés, apoyando al gobierno de la Confederación Argentina y a la vez influyendo sobre los políticos y la opinión pública en Europa. El historiador nuevamente muestra una faceta muy diferente a la conocida por el común de la gente sobre la vida del padre de la patria en el exilio.
Las ataques hacia la persona del Libertador por parte de los liberales contemporáneos (D. F. Sarmiento, J. B. Alberdi y F. Varela) y de historiadores como E. De Gandía2. Unificados bajo el título el ataque liberal, E. Díaz Araujo estudia las opiniones que dieron referentes del liberalismo que conocieron al Libertador en el exilio, refutando las calumnias que fueron continuadas por diversos historiadores, especialmente por E. De Gandía. La principal fue considerar que J. F. de San Martín padecía un estado de senilidad, de allí el origen del apoyo a la gestión de J. M. de Rosas. A pesar de lo absurdo del planteo, el autor del libro se preocupa de analizar meticulosamente cada uno de los escritos de los personajes citados y refutarlos con sólidos argumentos y documentación de la época que demuestran lo contrario. En paralelo se estudia la postura política de D. F. Sarmiento, F. Varela y J. B. Alberdi, especialmente el rechazo al americanismo que impulsara durante toda su vida el Libertador y el apoyo de los miembros del Partido Unitario a las intervenciones extranjeras contra la Confederación Argentina.
En la parte especial renueva el estudio de las calumnias, muchas de ellas de antigua data procedentes del viejo enfrentamiento del Gran Capitán con los hermanos Carrera y C. M. de Alvear, actualizadas por seudo historiadores y simples tinterillos3 más actuales. Puede considerarse a esta parte del libro como una continuación y ampliación de lo ya trabajado en Don José y los Chatarreros4. Se abordan temas tales como su supuesto origen indígena, la relación con la familia Escalada, infidelidades matrimoniales, vicios, enriquecimiento ilícito y los bienes en el exilio.
Cada sección cuenta con una útil síntesis que sirve como resumen para destacar los aspectos centrales estudiados.
Fiel a su estilo, analiza minuciosamente en cada cuestión tratada las teorías existentes, las obras escritas –tanto las que se pueden calificar como serias como las simples calumnias y los autores de ocasión, siempre atentos a las ventas, al chisme y al nulo rigor histórico- y llega a conclusiones sobre la base no de la especulación o el rumor sino de un impecable y exhaustivo análisis de la documentación existente. No falta el comentario comprometido con su patriotismo y el anhelo de la recuperación de la Argentina Católica; tampoco está ausente el comentario mordaz y la relación constante con la actualidad y el proceso de destrucción de los valores nacionales operado desde las potencias sostenedoras del Nuevo Orden Mundial, especialmente desde el fin de la guerra de las Malvinas.
Otro mérito del autor es que dedica un espacio muy considerable de su obra estudiar las causas por las que el Libertador debió marchar al exilio, su enfrentamiento con los unitarios y su apoyo a J. M. de Rosas.
No duda el mendocino en refutar afirmaciones de historiadores coincidan o no con su pensamiento, de la Academia o revisionistas, letrados o simples calumniadores y novelistas, a cada uno le dedica un espacio y para cada uno hay una fundamentada respuesta. También para cada uno, sea cual sea su origen o intencionalidad, hay un reconocimiento cuando la probidad académica lo amerita.

NOTAS
1 Mitre, Bartolomé (1886). Historia de San Martín y de la Emancipación Sudamericana, Buenos Aires, La Nación.
2 Se estudian cuestiones abordadas por el historiador en nueve libros diferentes.
3 Término que usara con frecuencia en sus publicaciones el inolvidable padre franciscano Francisco Paula de Catañeda durante los debates sostenidos contra B. Rivadavia y sus seguidores en la década de 1920.
4 DíazAraujo, Enrique (2001). Don José y los chatarreros, Mendoza, Ediciones Dike.

viernes, 15 de marzo de 2019

1919-2019: A CIEN AÑOS DE LOS FASCISMOS

Hace 100 años comenzaba a expandirse por Europa la Revolución Fascista, como un intento de superar el capitalismo y el comunismo, en el marco de Movimientos Nacionales que defendían los valores tradicionales (cristianos o paganos), el patriotismo, la justicia, las legítimas jerarquías sociales y el combate contra el Imperialismo Internacional del Dinero. Conocemos sus errores y en algunos casos sus horrores: la influencia hegeliana, el estatismo, el racismo, el antisemitismo, el totalitarismo, las inclinaciones voluntaristas y vitalistas, etc (características que no se aplican a todos los nacionalismos europeos de entre guerras, por lo menos no a los de inspiración cristiana). También aceptamos y compartimos las condenas parciales o totales del Magisterio de la Iglesia respecto de algunos de estos Movimientos. Pero los fascismos fueron mucho más que eso y desde 1945 han sido sometidos a una leyenda negra que impide ver, al lado de sus innegables equivocaciones y crímenes, sus aportes en defensa de la Civilización Occidental. De hecho, en su momento, políticos e intelectuales insospechables de inclinaciones totalitarias, advirtieron, al menos en parte, esas virtudes. Allí están, para quienes quieran leerlas, las opiniones contemporáneas de Chesterton, Pareto, Mises, Churchill, Keynes, Pío XI, Ramiro de Maeztu, el cardenal Roncalli (futuro Juan XXIII), Von Hildebrand, entre muchos otros. Ni que decir de Carl Schmitt, Ezra Pound o Heidegger. Juicios que no escapan al lógico temor que inspiraban los bolcheviques y que además fueron distintos según se refiriesen a uno u otro de los Movimientos Nacionales. Porque, reconociendo sus coincidencias, hay que decir que no pueden ser unificados sin más, como si no tuvieran también importantes diferencias entre sí. No fueron idénticos, en efecto, el Fascismo italiano, la Guardia de Hierro rumana, el Nacionalsocialismo alemán, el Falangismo español o el Rexismo belga. Ni tampoco sus líderes, pues son notorios los diversos estilos e ideas de Mussolini, Codreanu, Hitler, Dollfuss, José Antonio, Mons. Tiso o León Degrelle. En un juicio ecuánime, por otra parte, no hay que dejar de advertir las calumnias escritas y difundidas por los vencedores de la Segunda Guerra Mundial, que legitiman al llamado "Revisionismo histórico" (sin defenderlo “in totum”) pues es necesario un estudio más sereno de estos asuntos, en los que muchas veces la leyenda negra ha prevalecido sobre la ciencia histórica.[1] En todo caso, es innegable que hubo algo que en su momento llevó a las juventudes europeas a identificarse con los fascismos, a ofrecerse como voluntarios para combatir el marxismo de la URSS y a unir en una misma bandera (todo lo confusa que se quiera) la Tradición y la Revolución. Bien lo expresó Brasillach cuando escribió: «El fascismo, hace tiempo que hemos pensado que era una poesía, y la poesía misma del siglo XX (...). Afirmo que eso no puede morir. Los chicos que serán muchachos de veinte años más tarde, se enterarán con oscura admiración de la existencia de esa exaltación de millones de hombres, los campos de juventudes, la gloria del pasado, los desfiles, las catedrales de luz, los héroes inmolados en el combate, la amistad entre las juventudes de todas las naciones de pie, José Antonio, el fascismo inmenso y rojo... Todo eso puede ser vencido aparentemente por el liberalismo, por el capitalismo anglosajón; eso no morirá más de lo que murió la revolución del 89 en el siglo XIX, a pesar del retorno de los reyes. Y yo, que en estos últimos meses desconfié tanto de tantos errores del fascismo italiano, del nacionalismo alemán, del falangismo español, afirmo que jamás podré olvidar la irradiación maravillosa del fascismo universal de mi juventud, el fascismo, nuestro mal del siglo» («Carta a un soldado de la Clase 60»).Quien quiera hacerse una idea acerca de este "ambiente" no tiene más que ver películas de la época como "El triunfo de la voluntad", "Sin novedad en El Alcázar" o "Raza", entre muchas otras. O entender el mensaje sencillo y claro de José Antonio cuando decía: “nuestro movimiento no estaría del todo entendido si se creyera que es una manera de pensar tan sólo; no es una manera de pensar: es una manera de ser. No debemos proponemos sólo la construcción, la arquitectura política. Tenemos que adoptar, ante la vida entera, en cada uno de nuestros actos, una actitud humana, profunda y completa. Esta actitud es el espíritu de servicio y de sacrificio, el sentido ascético y militar de la vida (…) Yo creo que está alzada la bandera. Ahora vamos a defenderla alegremente, poéticamente. Porque hay algunos que frente a la marcha de la revolución creen que para aunar voluntades conviene ofrecer las soluciones más tibias; creen que se debe ocultar en la propaganda todo lo que pueda despertar una emoción o señalar una actitud enérgica y extrema. ¡Qué equivocación! A los pueblos no los han movido nunca más que los poetas, y ¡ay del que no sepa levantar, frente a la poesía que destruye, la poesía que promete!” (Discurso fundacional de Falange Española, 29 de octubre de 1933)
                                                 Xavier De Bouillon




[1] Respecto del revisionismo histórico (corriente representada por  Ernst Zündel, Fredrick Töben, Robert Faurisson, Harry Elmer Barner, David Irving, Salvador Borrego, entre muchos otros)  es importante señalar que: a) Hay historiadores importantes, pero cuya adhesión a los errores nacionalsocialistas no se puede aprobar. Ej: Federico Rivanera Carlés; b) Hay otros que no adhieren a dichos errores, pero los ocultan o los minimizan. Ej: Salvador Borrego; c) Hay algunos sin un aparato crítico que permita saber si lo que dicen tiene fundamento o no, y su producción da la impresión de ser amarillista: Ej: Trian Romanescu (o el autor que usaba este pseudónimo); d) No se puede comparar el rigor académico de varios historiadores (por caso David Irving) con el estilo periodístico de otros (Ej. Louis Marschalko); e) Por fin, en algunos se dan sofismas y falacias (falacia del hombre de paja, generalizaciones indebidas, argumentos ad hominem, etc), típicos del conspiracionismo. que dañan la imagen del revisionismo histórico, perjudicando a una corriente que tiene estudios académicos serios en una cantidad importante de sus representantes.



lunes, 11 de marzo de 2019

ARTIGAS, ROSAS y FRANCIA: LA LÍNEA FEDERAL

Gaspar Rodriguez de Francia
Por: Leonardo Castagnino                             

Producida la revolución de mayo de 1810 en Buenos Aires, varias provincias del Virreinato no adhirieron a la revolución y se mantuvieron leales a las autoridades peninsulares; entre ellas las provincias de Paraguay y la Banda Oriental del Uruguay.

Gaspar Rodriquez de Francia

En el Paraguay gobernaba Bernardo de Velazco, español, que contaba con la adhesión de los paraguayos. La Junta revolucionaria de Buenos Aires envía dos misiones para intentar la adhesión paraguaya a la revolución, pero fracasan.

Mientras tanto la Junta de Buenos Aires preparaba un ejército “auxiliar” al mando de Manuel Belgrano, para “convencer” a las autoridades asunceñas, pero al momento de pisar suelo paraguayo, los pobladores mostraron un fuerte rechazo al sentirse invadidos por ejercito extraño, a pesar de enarbolar bandera española como la propia, y se retiran territorio adentro llevando consigo los abastecimientos que podían trasladar. Finalmente se enfrentan en Paraguarí (19 de enero de 1811) y Tacuarí (9 de marzo de 1811), donde el ejército de Buenos Aires es derrotado y se ve obligado a retirarse, seguido de cerca por las tropas paraguayas.

Posteriormente el gobernador Bernardo de Velazco es obligado a gobernar con una Junta compuesta por dos paraguayos y el propio Velazco, que al poco tiempo sería desplazado. La Junta quedaría luego formada por tres paraguayos, uno de ellos Gaspar Rodríguez de Francia, nativo paraguayo graduado en leyes en Córdoba, admirador de Franklin y de la organización federal del país del Norte. Hombre de carácter firme, inteligente y desconfiado, con el tiempo se convertiría en el hombre fuerte de Paraguay y designado “Dictador Perpetuo”.

En junio de 1811, la Junta asunceña envía una nota, de pluma de Francia, a la Junta porteña, proponiendo formar una confederación de provincias autónomas, sin que ninguna tuviera preponderancia sobre las demás. La nota es clara al exponer la buena voluntad de Asunción de unirse en confederación con las demás provincias en igualdad, como así también es contundente en hacer reserva de sus derechos. Plantea la igualdad de todas las provincias, exige la derogación de impuestos cobrados Buenos Aires, y deja la resolución del Congreso General sujeta a la ratificación de los paraguayos. Es demasiado pedir. Buenos Aires no rechaza explícitamente la nota, pero no está dispuesta a renunciar al cobro de impuestos ni a perder la supremacía que pretendía.

La nota del 20 de julio, que podría haber sido el germen y base de una constitución para las Provincias Unidas del Río de la Plata, no es tenida en cuenta por Buenos Aires. Buenos Aires no solo deja la nota sin contestación, si no que además comienza una política de hostigamiento y presión, entorpeciendo el comercio y la navegación fluvial paraguaya, incluyendo decomiso de mercaderías, retención de buques y aumento de tasas sobre el comercio. Esta actitud tuvo como consecuencia el paulatino aislamiento del Paraguay del resto de las provincias, desentendiéndose de los conflictos internos y de la guerra de la independencia.

Con el aislamiento, Paraguay llegó a ser un país autónomo, sin deuda ni injerencia extrajera, alfabetizado y dueño de su propia producción, industria y comercio. Este aislamiento paraguayo se mantuvo durante todo el gobierno de Rodríguez de Francia, que muere en 1840.

El sucesor es Carlos Antonio López, quien en 1842 solicita a Rosas el reconocimiento de la independencia paraguaya. Rosas no consiente el pedido, y le advierte el peligro de separarse, con que ambas partes se debilitarían y serian `presa de extranjeros y de brasileños, lo que fue un vaticino de los sucedido veinte años más tarde con la trágica guerra de la Triple Alianza contra Paraguay (1865-1870) que costra la vida del 75% de los paraguayos.

Rosas no pretende incorporar por la fuerza al Paraguay, sino que busca su incorporación por desición voluntaria de Paraguay. La misma actitud tendrá con la Banda Oriental y Bolivia.

José Artigas

Jose Gervasio Artigas
La Banda Oriental tampoco adhiere a la revolución de mayo. Montevideo se mantiene leal a las autoridades peninsulares. José Artigas, por entonces oficial del ejército español, deja su puesto del regimiento de Blandengues y se dirige con algunos pocos acompañantes a Buenos Aires, donde propone a la Junta llevar las banderas de la revolución hasta Montevideo.

En el regreso, se demora unos días haciendo contactos en Entre Ríos, y mientras tanto, en febrero de 181 se produce el hecho conocido como “El grito de Asencio”. Un grupo de hombres de la campaña oriental, compuesto por hombres de toda clase, se reúne a orillas del arroyo de Ascencio, y el 28 de febrero de 1811 se declaran en rebeldía contra las autoridades montevideanas. A su llegada, José Artigas asume como su natural caudillo oriental.

En el año de 1813, Buenos Aires convoca un Congreso Constituyente conocido como la Asamblea del Año XIII, invitando a las provincias a enviar diputados al congreso. La asamblea tenía una gran influencia de los directoriales, partidarios del centralismo porteño. Paraguay se abstiene de participar con distintas excusas, mientas que la Banda Oriental envía sus Diputados al Congreso.

El 13 de abril José Artigas envía las instrucciones a los diputados orientales al congreso, en las que básicamente se proponía formar una confederación de provincias autónomas. En su Art.19 proponía “Que precisa e indispensablemente sea fuera de Buenos Aires donde resida el sitio del Gobierno de las Provincias Unidas”. Era demasiado pedir; con excusas formales, los directoriales rechazan la incorporación de los representantes orientales al Congreso. Esto provocaría el paulatino distanciamiento de José Artigas, nombrado Protector de los Pueblos Libres, formado por las actuales provincias de Entre Ríos, Corrientes, Misiones, Santa Fe y Córdoba, y con sede de gobierno en Purificación, próxima al actual Paysandú. Artigas propone a Francia a formar parte de la Liga, pero el paraguayo, desconfiado y en parte por evitar conflictos con Buenos Aires, no adhiere a la Liga.

En junio de 1815, Artigas convoca al Congreso de Arroyo de la China (actual localidad de Concepción del Uruguay, Provincia de Entre Ríos) o Congreso de Oriente, donde se declara la independencia de España y de toda potencia extranjera. Buenos Aires desconoce lo resuelto, convocando al Congreso de Tucumán, al que se abstienen de participar las provincias que integraban la Liga de Pueblos Libres, a excepción de Córdoba que participa en los dos congresos.

Las desavenencias de Artigas con Buenos Aire se profundizan con la invasión portuguesa a la Banda Oriental ante la mirada indiferente o cómplice de Buenos Aires, que concluye con la ruptura definitiva entre Artigas y Buenos Aires en 1820. Tras la batalla de Cepeda y el Tratado del Pilar, se produce el enfrentamiento entre el caudillo entrerriano Francisco “Pancho” Ramírez y José Artigas. Vencido éste, se exilia definitivamente en Paraguay.

Luego de la gesta de “Los 33 orientales” (abril de 1825) se convoca al “Congreso de Florida” (agosto de 1825) donde se “Declara írritos, nulos, disueltos y de ningún valor para siempre, todos los actos de incorporación, reconocimientos, aclamaciones y juramentos arrancados á los pueblos de la Provincia Oriental, por la violencia de la fuerza unida á la perfidia de los intrusos poderes de Portugal y el Brasil que la han tiranizado, hollado y usurpado sus inalienables derechos, y sujetándole al yugo de un absoluto despotismo desde el año de 1817 hasta el presente de 1825. Y por cuanto el Pueblo Oriental, aborrece y detesta hasta el recuerdo de los documentos que comprenden tan ominosos actos…” (Art.1º), “…reasumiendo la Provincia Oriental la plenitud de los derechos, libertades y prerrogativas, inherentes á los demás pueblos de la tierra, se declara de hecho y de derecho libre é independiente del Rey de Portugal, del Emperador del Brasil, y de cualquiera otro del universo y con amplio y pleno poder para darse las formas que en uso y ejercicio de su soberanía estime convenientes”. “... para resolver y sancionar todo cuanto tienda á la felicidad de ella, declara: - que su voto general, constante, solemne y decidido, es y debe ser por la unión con las demás Provincias Argentinas, á que siempre perteneció por los vínculos más sagrados que el mundo conoce”… “Por tanto ha sancionado y decreta por ley fundamental la siguiente: “Queda la Provincia Oriental del Río de la Plata unida á las demás de este nombre en el territorio de Sud América, por ser la libre y espontánea voluntad de los pueblos que la componen, manifestada en testimonios irrefragables y esfuerzos heroicos desde el primer período de la regeneración política de las dichas Provincias". (Art.2º)
Juan Manuel de Rosas

Juan Manuel de Rosas

Algunos alegan que Rosas, como gobernador de Buenos Aires actuó como unitario y no como federal. Sin embargo Rosas tenía la típica cultura federal: defensa de la hispanidad, la tradición, la Patria, antilogista y defensor de la “Santa Federación”. Y como tal, siempre respetó las autonomías regionales y provinciales. Nunca invadió otro territorio y en todo caso ejerció su influencia por medio de la política, la correspondencia y el respeto que inspiraba.

En el enfrentamiento en la Banda Oriental entre Manuel Oribe y Fructuoso Rivera, que por otra parte le había declarado la guerra a Rosas, éste no envió un ejército de Buenos Aires, si no un ejecito auxiliar al servicio de Oribe.

En ocasión del levantamiento unitario de la “Liga del Norte” (Lavalle, Gral. Paz y Lamadrid) no envió un ejercito propio, si no un ejército de la Confederación al mando del oriental Oribe, para evitar el celo o desconfianza de las provincias, según dijo.

Cuando el pedido de Carlos López de reconocimiento de la independencia de Paraguay en 1842, contestó por nota oficial que ni aprobaba ni desaprobaba el pedido de independencia, para lo que no tenía atribuciones, y que en todo caso lo tratarían entre todas las provincias cunado se pacificaran.

Con motivo de la revolución untaría de Corrientes, Carlos López envió un ejército al mando de Francisco Solano López en apoyo a la revolución. Rosas ordenó a Urquiza desalojar de la provincia de Corrientes las tropas paraguayas, pero que de ninguna manera cruzara el Paraná.

Cuando la guerra contra el dictador Santa Cruz de la Confederación peruano-boliviana, que complotado con Cullen y los unitarios de Montevideo pretendía anexar las provincias del Norte, luego de la victoria Argentina un grupo de generales, a través del general Pacheco, le propusieron a Rosas que era la oportunidad de reincorporar Bolivia a la Confederación. Rosas le contestó en una extensa carta donde, entre otras cosas, le decía que eso no iba a suceder mientras el estuviera en el gobierno, porque seria aprovecharse de la situación y crearía un resentimiento perdurable, y que mas bien convendría esperar a que se organicen y luego adhieran a la Confederación por su propia voluntad.

Durante las negociaciones a raíz del bloqueo Anglo-Francés, Rosas se negó a negociar por separado con los anglo-franceses sin tener en cuenta la opinión de Manuel Oribe, a quien reconocía con autoridad sobre la Banda Oriental.

Estos son solo algunos ejemplos.

Respecto a la acusación que se le hace de ser ”pro ingles”, los unitarios se basan en dos argumentos principales: que Rosas respetó a los comerciantes ingleses, y que no recuperó las islas Malvinas.

En relación con el primer argumento, vale hacer notar que Rosas era profundamente legalista, y como tal respetó él tratado de amistad de 1825 con Inglaterra, pero cuando quisieron violar la soberanía navegando libremente los ríos interiores, Rosas opuso tenazmente, dejó de pagar el servicio de la deuda del Empréstito Baring de 1824 y no solamente les hizo morder el polvo de la derrota, si no que se dio el gusto de salirse con la suya, haciéndole devolver los buques capturados y saludar con 22 cañonazos el pabellón Nacional.

Respecto a la recuperación de Malvinas, la Confederación no estaba en condiciones de recuperarlas por la fuerza; la escuadra había sido entregada por los unitarios en pago de servicios de la deuda del empréstito Baring; pero Rosas no dejó de reclamarlas en la prensa escrita y en la Legislatura anualmente. Es más: intentó recuperarlas por medio de un ardid diplomático: ordenó a Manuel Moreno, representante en Londres, que “como cosa suya” ofreciera las Malvinas a cambio de la deuda; si los ingleses aceptaban, estarían reconociendo que las islas pertenecían a la Confederación, y bastaría con desautorizar a Manuel Moreno en su ofrecimiento “como cosa suya”, para que la Confederación tenga reconocida la soberanía sobre las islas. Lamentablemente los ingleses no picaron el anzuelo.

A instancias de Juan Manuel de Rosas, el 4 de enero de 1831 se firma el Pacto Federal entre las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos, invitando a la posterior adhesión de las demás. Era básicamente un pacto de mutua defensa. Se delega en Rosas la representación de las Relaciones Exteriores.

En un notable documento conocido como “Carta de Hacienda de Figueroa”, enviado por Rosas a Facundo Quiroga el 20 de diciembre de 1834, refiriéndose a la formación de una Confederación de provincias y a la reunión de un congreso, Rosas entre otros conceptos le expresa: “El punto sobre el lugar de la residencia del Gobierno suele ser de mucha gravedad, y trascendencia por los celos y emulaciones que esto excita en los demás pueblos, y la complicación de funciones que sobrevienen en la corte o capital de la República con las autoridades del Estado particular a que ella corresponde. Son éstos inconvenientes de tanta gravedad que obligaron a los norteamericanos a fundar la ciudad de Washington, hoy Capital de aquella República que no pertenece a ninguno de los Estados confederados”.

La línea federal

Como vemos, el pensamiento de los tres hombres, Francia, Artigas y Rosas, son coincidentes.

Derrocado Rosas, el liberalismo centralista porteño toma la iniciativa. Desplaza al gobierno oriental, blanco federal, y con el colorado Venancio Flores en el gobierno y Bartolomé Mitre presidente argentino, forman con Brasil la Triple Alianza contra Paraguay. Se destruye Paraguay y queda postrado el federalismo en el Río de La Plata. A partir de entonces, empréstitos de por medio, los países de la cuenca del Plata serían presa fácil del imperialismo inglés.



jueves, 29 de noviembre de 2018

Las otras Tablas de Sangre (Prologo)

El revisionismo histórico argentino ha realizado una labor científica, hondamente patriótica, en favor de la verdadera historia argentina. Todos los años se publican libros y folletos que destruyen la leyenda negra difundida por los historiadores liberales, heterodoxos todos ellos, y que por su misma heterodoxia combatieron desde las logias y luego desde el gobierno lo más profundo del ser tradicional argentino, para desarraigar nuestras antiguas y nobles costumbres, nuestras ideas y sentimientos esenciales católicos.

Y esta labor revisionista, que se ha intensificado hace algo menos de treinta años a esta parte, y que se desarrolla en la cátedra, en el libro, en periódicos y conferencias por todo el país, continúa la obra que a fines del siglo pasado inició con su Historia de la Confederación Argentina Adolfo Saldías, y luego, en su libro intitulado La época de Rosas, Ernesto Quesada.

El período más intenso, de más grandeza que da la verdadera razón de nuestra nacionalidad fue y es negado hasta hoy por los historiadores liberales, que se copian unos a otros en su deleznable tarea de difundir una historia falsificada.

De esta manera la investigación histórica se estanca y pierde total vitalidad. ¿Y qué podríamos decir de los textos de historia argentina destinados a los establecimiento de segunda enseñanza?.

Hemos leídos los aprobados por el Ministerio de Educación en esta asignatura, y en todos, salvo alguna rara excepción, no sólo encontramos los absurdos más grotescos respecto a la época de Rosas, sino que surge enseguida, en volúmenes destinados a los jóvenes, exacerbado, el antiguo odio de unitarios y liberales a la política rosista.

Habría que añadir, además, que la falsificación de la historia no se reduce a estos textos escolares al período en que gobernó Juan Manuel de Rosas; los siglos de la dominación española han sido también falseados, como asimismo todo aquello que de algún modo nos define como nación esencialmente católica e hispánica.

Frente a una enseñanza oficial de la historia argentina que es perniciosa para la formación de los jóvenes, a quienes se les debe explicar solamente la verdad, justipreciamos la intensa obra de los historiadores revisionistas, que en la cátedra y el libro están demostrando dónde están los verdaderos y los falsos próceres, riñendo una batalla que ya ha sido ganada, porque el fraude histórico inventados por los vencedores de Caseros y Pavón no resiste la fuerza incontrastable de la verdad histórica.



Y es con ese espíritu de justicia que revelan los historiadores revisionistas que Alberto Ezcurra Medrano publica la segunda edición de su libro Las otras Tablas de Sangre, libro magnífico, claramente escrito, de alta polémica, totalmente documentado, que tiene la ventaja sobre el de su antagonista, el del lamentable e infelicísimo Rivera Indarte, de que no inventa ni fantasea ni agrega adjetivos insultantes ni comentarios malévolos, sino que expone los hechos para que el lector juzgue, valiéndose muchas veces de los mismos historiadores liberales para demostrar cómo los unitarios, con sus olas de crímenes, de degollaciones, de fusilamientos a granel, superaron las atrocidades y desafueros de los enemigos de la “civilización.”

El mérito de este volumen reside precisamente en su valor científico, que destruye la leyenda unitaria, construida sobre la propaganda periodística, el libelo de Rivera Indarte y ese otro, en forma de novela, de José Mármol.

Las otras Tablas de Sangre Las otras Tablas de Sangre constituyen un documento incontrovertible y se advierte en él la verdadera objetividad histórica, que es la que tiene el sentido de justicia. Esta obra ha sido completada durante largos años de paciente tarea investigadora, formando así un volumen que supera extraordinariamente al que conocíamos por la primera edición.

Todo lo que la historia liberal ha callado, aquello que permanecía oculto en documentos y libros, ha sido reunido por Ezcurra Medrano en su búsqueda de la verdad, con afán de historiador, sobreponiéndose al espíritu de partido o de bandería.

Es curioso observar cómo el sectarismo liberal, en su anhelo de trastocarlo todo con fines de sectarismo político, no se le ocurrió advertir que la falsificación de la historia en la forma grosera en que lo hicieron no podía persistir indefinidamente, ya que, frente a los crímenes que se atribuyen a Rosas, las atrocidades del terror celeste -a pesar de la destrucción de documentos que hicieron los unitarios- son tan evidentes, que sólo el odio, la ceguera y la mala fe de varias generaciones de gobernantes liberales han podido ocultarlas.

Y con este sistema de criminal ocultación han padecido también hechos gloriosos, acontecimientos de la época rosista, como la lucha por la soberanía argentina contra Francia e Inglaterra, ocultación que revela el grave delito de traición contra la patria y el espíritu de los argentinos.

El proceso del terror celeste, desde Rivadavia hasta Sarmiento, está relatado por Ezcurra Medrano. Los fusilamientos en masa e individuales mandados a ejecutar por órdenes de Lavalle, Lamadrid, Paz, Mitre, Sarmiento y los demás jefes unitarios, son incontables. Pero la guerra civil, provocada por los unitarios en unión con los extranjeros, suscitadora de los odios más enconados y las venganzas más cruentas, continuó después de la caída de Rosas, y el terror liberal que reemplazó al unitario pudo proseguir con sus asesinatos y degollaciones, hasta que el triunfo definitivo de la heterodoxia, encarnada en figuras masónicas como Mitre y Sarmiento, inició la era de un crudo y persistente materialismo.

El régimen de terror, anterior y posterior al gobierno de Rosas, ha sido estudiado por Ezcurra Medrano, atestiguándolo con hechos concretos.

En cuanto a los procedimientos que utilizaban los unitarios para matar a sus enemigos, nadie ignora que Lavalle y Lamadrid cumplían al pie de la letra lo que exaltaban en su furor de degolladores; aconsejaban o daban órdenes de lancear o de degollar sin perdonar a nadie.

Lavalle, en 1839, consigna Ezcurra Medrano, en su proclama dirigida a los correntinos decía refiriéndose a los federales:

“Es preciso degollarlos a todos. Purguemos a la sociedad de estos monstruos. Muerte, muerte sin piedad.”

No hay jefe unitario que utilice otros procedimientos frente a los federales. Era una lucha sin cuartel, y nadie lo daba.

El culto y civilizado Paz no se quedaba corto en las matanzas y ejecuciones de prisioneros. He aquí una descripción de lo que el general Paz llamaba actos de severidad:

“Los prisioneros son colgados de los árboles y lanceados simultáneamente por el pecho y por la espalda...A algunos les arrancan los ojos o les cortan las manos. En San Roque le arrancan la lengua al comandante Navarro. A un vecino de Pocho, don Rufino Romero, le hacen cavar su propia fosa antes de ultimarlo, hazaña que se repite con otros. Algunos departamentos de la Sierra son diezmados. Por orden, si no del general, de algunos de sus lugartenientes, ciertos desalmados, como Vázquez Nova, apodado Corta Orejas, el Zurdo y el Corta Cabezas Campos Altamirano, lancean a los vecinos de los pueblos, en grupos hasta de cincuenta personas.” “Los coroneles Lira, Molina y Cáceres rindieron la vida entre suplicios atroces. Sus cadáveres despedazados fueron exhibidos en los campos de Córdoba y expuestos insepultos.”

Como dijimos, el jacobinismo liberal continuó después de la caída de Rosas y durante todo el siglo XIX su política de crueldades inauditas, degollando prisioneros, exterminando a los vencidos donde quiera que se encontrasen, mandando asesinar a los gobernadores que no obedecían a la política central.

El libro que comentamos será sumamente útil a la juventud argentina. Todo él da una idea clara de lo que fue el terror celeste a lo largo de la centuria decimonovena.

Necesitábamos esta segunda edición, completa con nuevos aportes indubitables, y donde se prueba a una vez más el talento de investigador de Alberto Ezcurra Medrano, que huye de lo farragoso para buscar la síntesis, y, sobre todo, su honradez y el espíritu de justicia que definen su obra.

Alfredo Tarruella

(*) Prólogo de libro “Las otras tablas de sangre”, de Alfredo Ezcurra Medrano. Edic.1952.

sábado, 29 de septiembre de 2018

EL CAPRICHO SARMIENTINO (A propósito del revisionismo Paka-Paka)

Para Sarmiento el Papa puede no ser infalible, pero ni el Papa puede negar la infalibilidad de Sarmiento.”  (J. B. Alberdi)

1. “Me Aburro”
Nada agradable o gustoso resulta escribir o tratar el tema de Sarmiento. Especialmente si se lo hace desde donde se encuentran sus más fervientes defensores y admiradores, como lo es la provincia de San Juan. Podríamos repetir aquello del diario La Prensa: “Cada vez que nos ocupamos del señor Sarmiento, lo hacemos con un profundo y penoso estremecimiento del alma”[1]. O bien, podríamos traer a colación aquello del historiador sanjuanino Horacio Videla: “Escribir sobre Sarmiento, aunque sea para defenderlo, hace experimentar una incomodidad inexpresable.”[2] Pese a todo lo hacemos.
Lo hacemos luego de la enorme repercusión que tuvo la polémica entre Sarmiento, o los defensores de éste, y el canal televisivo oficial Paka-Paka, durante los días pasados. Parece no haber medio periodístico televisivo, gráfico o digital que no se haya hecho eco de la ridícula polémica. Ridícula, puesto que surgió a partir de que el programa infantil “Las asombrosas aventuras de Zamba”, que emite el mencionado canal, destrató la figura del Maestro de América.
Por lo tanto, dada la cantidad de opiniones que mereció la señal en cuestión, acompañada de la lista acostumbrada de lugares comunes pro y contra de Sarmiento, sumado a la confusión reinante, creemos oportuno esbozar una nueva crítica.
El capítulo “Excursión a la casa de Sarmiento” (20 minutos) y la sección “¡Quiero mi monumento!” (2 minutos) no agradó nada y enardeció a los sarmientinos. La polémica comenzó en las redes sociales hasta alcanzar los medios provinciales y nacionales. En tal programa aparecen el niño “Zamba”, Domingo Faustino, Rosas y Facundo Quiroga. En él no se hace otra cosa sino repetir de un modo infantil y “seductor” –como dicen-algunos hechos e ideas de la Historia en una mezcla insalubre de los acostumbrados errores mendaces. Se hace presente la consabida reducción de Federales y Unitarios cuya única diferencia era la autonomía o no de las provincias y la idea de que Rosas –como Sarmiento- no quería a los indios, además de tener mal carácter. Pero eso no molestó, por supuesto. Lo que disgustó fue que se diga que Sarmiento tuvo mal carácter, faltó a la escuela de niño, no quiso a los indios ni gauchos, quería una escuela sin gauchos ni caudillos, apoyó a Urquiza para destruir a Rosas, que quería un país a la francesa, y hasta una cancioncilla cuyo estribillo repetía: “las ideas no se matan, mas los federales sí”. Aunque la frutilla del postre fue la victoria de Facundo Quiroga frente a Sarmiento en un juego de preguntas y respuestas cuyo premio era el propio monumento.

2. De tal palo… tal Sarmiento
Las respuestas ante el nuevo ultraje no se hicieron esperar y no fueron menores a las que mereció el caso del Ministro Uruguayo Huidobro, en el pasado mes de abril.[3] La repercusión llegó inclusive a un “abrazo simbólico” a la Casa Natal del Prócer, organizada por la Agrupación MAPU (Movimiento Acción Participación Unida).[4]
Los dichos y opiniones fueron variados y desde distintos lugares ideológicos. Veamos detalladamente los más significativos:
La directora del museo Casa Natal de Sarmiento, Mónica Arturo, aseguró que presentará una queja formal ante el Ministerio de Cultura de la Nación, o lo que es lo mismo, a Teresa Parodi. Expresó que “es una mirada muy liviana de Sarmiento. Uno puede enseñar historia a los chicos, pero no así, burlándose. Acá llevamos adelante programas y enseñando valores sobre cómo era Sarmiento y después muchas gente ve este tipo de programas y es muy difícil (…)No saben quién fue Sarmiento porque no lo estudiaron y no lo leyeron (…). Lo ponen como un hombre histérico y me parece de mal gusto”[5]. Al mismo tiempo la subdirectora del museo, Nilda Ferreyra, se manifestaba desde la televisión: “Algunos intolerantes no saben ver que la obra es mucho más importante que lo que se dice. [Sarmiento] a veces decía cosas inconvenientes. En eso no cabe ninguna duda. Lo que lo sostiene a Sarmiento es su obra (…) Muchas veces son cartas personales ¿qué sucedería si leyeran nuestros mails, por ejemplo? (…) Uno le dice a los hijos «si no hacés tal cosa te voy a matar», pero jamás lo mata ¿verdad? No es literal y en muchos casos sucede eso con Sarmiento”[6].
Digamos al menos dos cosas respecto de los dichos de Ferreyra, teniendo en cuenta que sus palabras son una respuesta a las frases polémicas que se le reprochan a Sarmiento.
En primer lugar –más allá de su singular lógica pedagógica– debemos decir que aunque sus justificaciones sean el débil argumento de que “muchas veces son cartas personales”, o aquello de “¿qué pasaría si leyeran nuestros mails?”, no se da cuenta que una de las frases leídas por la periodista y quizás la más significativa, no es una carta personal, sino un discurso del 13 de septiembre de 1859 en el Senado[7]. Podríamos traer aquí como bocadillo nada menos que las páginas del “Proyecto de Reorganización de la República” en que propone para combatir a los federales “un sistema de matar”, que se aplicará “con cinismo”. Propone un gobierno absoluto, despótico, tiránico y sanguinario. Los procedimientos “son el de dar varillazos a los ciudadanos y aun a las familias que no cumplan”, castigos severos y el ahorcamiento a los enemigos[8].
En segundo lugar, si de epístolas se trata, -y teniendo en cuenta la confesión de Ferreyra de peronista militante y su jactancia de pertenecer al Partido Justicialista- acotemos la opinión de otro confeso peronista, la de José María Rosa. En efecto, Pepe Rosa, en el mismo libro en que explica que es peronista porque “el peronismo fue y es la corriente nacional”[9], allí también señala: “Los criollos habían sido exterminados, amedrentados o rebajados hasta el aniquilamiento por los vencedores de Caseros, y, sobre todo, por los de Pavón. El consejo de Sarmiento a Mitre al día siguiente de Pavón de no ahorrar sangre de gauchos por ser «un abono útil que debemos a la tierra»,no había sido una frase aislada y poco feliz del tremendo sanjuanino. Las matanzas cometidas por Flores, Iseas, Irrazával, Sandes, Arredondo y tantos otros coroneles de Mitre desangraron el interior; el exterminio a carabina de los últimos montoneros (el Chacho, Felipe Varela o López Jordán: impotentes caudillos de una Argentina que irremediablemente se iba)”[10].
Tiene razón Ferreyra, entonces, cuando dice que “la obra supera los dichos”. Más aún los confirma y los supera en grado.
El periódico “El Nuevo Diario”[11], de clara extracción liberal, anticlerical, panegirista de Sarmiento y simpático de la masonería[12], sumó más voces a la polémica. De este modo, Rosa Garbarino, quien es decana de la Facultad de Filosofía Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ), manifestó que “es peligroso que se lo presente así a Sarmiento, porque esto llega a los más pequeños y si detrás de este niño que llega a la escuela con este mensaje de televisión pública, no tiene un docente que lo pueda educar en esto que no es así…”, o sea, que le lave el cerebro al igual que la televisión. Agregó además –no sin razón- que “corremos un peligro serio, porque estamos quedándonos vacíos de historia. Estamos armando un relato que no condice con nuestras raíces y que indudablemente puede llevar a un adoctrinamiento”. Curiosa afirmación ésta si se tiene en cuenta que a quien defiende es precisamente al pionero del vaciamiento de la Historia, al principal fabricador de un relato de adoctrinamiento que conspiró contra la Verdad y al dueño de un pensamiento y de una obra que está en las antípodas de nuestras raíces.
Otro profesor e investigador dio su opinión. Se trata de Juan Mariel Erostarbe, quien defiende el concepto de progreso sarmientino y que “este podía venir de cualquier parte del mundo, no específicamente de Estados Unidos o Europa”. Además, el especialista en cartas de Sarmiento, pondera las 52 obras de Sarmiento y comenta que “mal se puede hacer un dibujo, hablar bien o mal de Sarmiento, si no se lo ha leído”[13]. Al margen de que 52 no son sus obras, sino los volúmenes que comprende sus obras completas[14], nos preguntamos qué respondería a aquella sentencia de Ricardo Rojas: “Los 52 volúmenes de sus Obras Completas no son más que la pintoresca autobiografía de un paranoico”.
Pero el escaparate de sarmientinos no se agota, y los hay de variados colores y formas. Un arquitecto, Héctor Muñoz Daract, dijo sobre el tema: “Me da rabia, indignación, y me da un compromiso de defender a Sarmiento, porque, entiendo, fue lo más grande que produjo la Argentina”. Agregando más adelante que el prócer “realmente tuvo la vocación de la patria calificada y no sectariamente calificada, pluralmente calificada” (sic). Pero el argumento que probaría más acabadamente la decencia del sanjuanino es otro: “A Sarmiento siempre se lo cuestionó por sus ideas y posiciones políticas, jamás por enriquecimiento ilícito como ocurre hoy”[15]. Pero ¿acaso son menos graves que el enriquecimiento ilícito, las ideas sarmientinas devenidas en la matanza de lo que él entendió como barbarie? ¿Es menos grave que eso el plan sistemático de falsificación histórica? ¿Reviste menor gravedad que la falta al séptimo mandamiento, la unión mancomunada de la transgresión del primero, segundo, quinto y octavo, por nombrar algunos?
En la misma línea, el exdiputado José Poda, quien fue uno de los iniciadores de la polémica, expresó que “si alguien desde la adhesión a Ghandi, Luther King o el mismo Jesús, criticara a Sarmiento por decir aquello de «no ahorrar sangre de gaucha» estaría muy bien. Pero lo raro es que el Kirchnerismo y la misma Cristina, manifiestan encono contra Sarmiento y a la vez admiran al conservador asesino Juan Manuel de Rosas. Eso sí que no es fácil de digerir…” Para Poda, “es algo público y notorio que el gobierno aborrece a Sarmiento” y pone como ejemplo probatorio el hecho de que se “desfinanció la comisión del senado encargada de publicar sus obras completas y revisadas, lo ninguneó para cuando fue el bicentenario y otras lindezas por el estilo”[16].
He aquí la confusión y la contradicción. Porque –sacando la burrada impía que significa comparar a Cristo con Ghandi o Luther King- todos los defensores, y los no tanto, coinciden en que el gobierno K aborrece a Sarmiento. Incluso se ha dicho que Cristina Kirchner admira a Don Juan Manuel de Rosas, lo cual sí que no es digerible de ningún modo.
Es cierto que la misma Presidente, el día 12 de septiembre de 2012, reconoció y dijo en los pasillos de la Casa Rosada a un grupo de alumnos cordobeses, para explicar lo que es la masonería, que “Sarmiento era un masón hijo de puta”. Pero también cierto que en un acto del día 5 de abril de 2010, dijo que se sentía “la Sarmiento del Bicentenario”.También es veraz su homenaje del día 11 de septiembre de 2011 hacia el sanjuanino llamándolo “Maestro de América”. Sigue siendo cierto lo ocurrido hace dos años en una de las acostumbradas alocuciones por Cadena Nacional cuando Ella, elogió la figura de Domingo Faustino al destacar los capítulos 17 y 18 del libro de Diego Valenzuela y Mercedes Sanguinetti “Sarmiento Periodista”, agregándole el mote de “militante”. Sumado a ello que el país está “viviendo con mucha amplitud y libertad de culto, de enseñanza y de expresión”.
Nos cuestionamos nosotros cómo explicaría el Señor José Poda que Cristina Fernández haya creado el Instituto de Revisionismo Histórico Manuel Dorrego, cuyas autoridades son nada menos que Pacho O’Donell (mitrista confeso) como presidente, y como vicepresidente primero Araceli Bellota, sarmientina si las hay, miembro del Instituto Sarmiento de Historia y Sociología y de la Asociación Sarmientina, quien ha publicado obras de expresa admiración por sarmiento y sus amoríos destacando su condición de amante tierno y seductor. ¿Cómo se explica?
Se trata de una contradicción absurda. De la misma índole de las que protagonizaba Sarmiento. Comentando esto del Instituto Dorrego se pregunta el Profesor Antonio Caponnetto: “¿Habrá que tomar en serio a un revisionismo que dice declararse antiliberal por decreto, pero sus máximas autoridades llama «personaje maravilloso» a Mitre y proponen a Sarmiento como paradigma, incluso como paradigma de amante seductor y tierno?”[17]
Incluso en el escenario de la polémica por Paka-Paka el investigador de la UNSJ, Daniel Gil, defendiendo a Sarmiento se pronunció diciendo que “si hablamos estcrictamente de movimiento revisionista dentro de la historiografía, es un movimiento que surge en 1930” y “utilizar eso como «chicana» o para sesgar determinada mirada no me parece correcto”. A lo cual agregó que “hay una sobreactuación cada vez que se toca el tema Sarmiento, aquí en San Juan, especialmente a través de los medios”[18].
No resulta sorprendente, entonces, que se haya identificado al canal oficial y su visión histórica con una concepción revisionista[19] [19]. O mejor dicho, con la peor caricatura del mismo. Movimiento, el revisionista, que estuvo en las antípodas de estos neo y pseudorevisionistas.
La polémica no podía escapar a la figura de Luis Alberto Romero, investigador principal del CONICET y de la UBA. Para este profesional de la historia la orientación general de estos dibujos está enlazada con la tradición de hacer una contraposición entre lo bueno y lo malo (Facundo Quiroga, bueno; Sarmiento, malo). Esto a Romero le molesta. Por eso dice: “No me extraña la forma en que lo muestran en Paka Paka. Lo curioso es la posición del gobierno provincial de San Juan, donde Sarmiento es la figura central, más allá de cualquier ideología. Si uno mira el capítulo es impresionante, los de Paka Paka se pasaron”. Y más adelante agrega: “Sarmiento está hace mucho tiempo en el centro de combate por sus ideas. Pero nunca se dudó por ejemplo de lo que hizo por la educación”[20]. En otro medio expresó que “para la Iglesia Católica Sarmiento fue la bestia negra por su sistema educativo laico. Y para el pensamiento nacionalista, Sarmiento fue una bestia negra ligada a la argentina liberal de los enemigos de la patria”. “Yo pienso que aquí hay una clara visión revisionista (sic) de la historia que busca dañar a algunas figuras como Sarmiento y Roca”[21].
Mientras tanto, desde San Juan, el Ministro de Turismo y Cultura, Dante Elizondo, el mismo que antes había recibido y apoyado a la productora Estudio X para filmar un documental sobre Sarmiento que se emitió por el Canal Encuentro[22], después elevaba su queja al propietario del mismo canal (Tristán Bauer). Recordemos que la productora Estudio X ha trabajado en distintos proyectos ligados a dicha señal y ha desarrollado contenidos para Paka-Paka. Pero claro, los “eruditos en el tema” y los involucrados en el documental eran nada menos que los ya mencionados Mónica Arturo y Juan Mariel Erostarbe. Pero Elizondo, aquel que alentó en el pasado Octubre el espectáculo del conjunto musical “La asombrosa banda de Zamba” [23], pidió un encuentro con Tristán Bauer “porque de la Televisión Pública dependen los contenidos de canales como Paka Paka”[24].
Todos defendiendo al Maestro de América. Pero ¿quién defiende a Paka-Paka y al niño Zamba? Lo hizo nada menos que el ministro de Educación Alberto Sileoni quien, no contento con la cantidad de conceptos absurdos y contradictorios –pero eruditos- en contra del prócer, suma más de los mismos pero en sentido contrario. Tal es así que según él la señal “es un aporte a la diversidad de ideas y propuestas de comunicación masiva”. “El programa pone en valor la historia y sus protagonistas, con sus matices y claroscuros” y “Zamba busca acercarse a la historia con ojos de niño, con contradicciones (sic), sin solemnidad, y sin subestimar a los espectadores, no se pretende como una versión acabada y cerrada de la historia”. Y por si esto fuera poco no dudó en decir que “tanto el canal educativo Paka Paka como su personaje animado Zamba son propuestas culturales que construyen identidad nacional”[25]¿Acaso hay algo más absurdo que esto?
Sin embargo, a la hora de conciliar y congeniar, Sileoni no se contuvo y resaltó que “a 130 años de la sanción de la ley 1420 de Educación Común, consideramos como educadores que se debe reconocer el aporte de aquellos argentinos, como Sarmiento y otros, a la construcción de aquellos argentinos, como Sarmiento y Otros a la construcción de la educación pública en nuestro país”. Y para sumar confusión: “Valoramos aquella pedagogía que comenzó con Belgrano y continuó con una tradición federalista expresada por caudillos como Ramírez y Heredia”[26].

3. El otro liberalismo
Llegados a este punto traigamos al ruedo una nueva mirada respecto de la polémica. La del historiador de la UNSJ, Eduardo Carelli. Una mirada más centrada y no “al arrebato” como las anteriores. El profesor, que no está de acuerdo con la concepción de Sileoni sobre el nacimiento de la pedagogía con Belgrano y Ramírez, trae una verdad a cuento: “Es fácil pegarle a Sarmiento si vamos a descontextualizar a Sarmiento y si vamos a hacer una mirada sesgada desde nuestro presente, con un pasado histórico que estamos lejos de comprender o interpretar”.
Es totalmente cierto que muchas veces a Sarmiento desde distintos ámbitos se lo descontextualiza cuando se lo ataca (también cuando se lo defiende), sobre todo si es “una mirada sesgada de nuestro presente”.Nuevamente podríamos traer a la memoria aquello de Hilaire Belloc en su Europa y la Fe: “no es historiador el hombre que no sabe responder desde el pasado”. Por eso resulta distinta, ya no una mirada parcial sino omniabarcadora y teniendo en cuenta la trascendencia buena o mala que pudo haber tenido un personaje particular para la Historia. Por eso dice Carelli: “…si nos paramos en la figura de Sarmiento, en el personaje clave y esencial que fue Sarmiento en la segunda mitad del Siglo XIX, en ese caso estamos escapando en esto de pegarle a Sarmiento por cualquier motivo”.
Luego sigue el profesor: “…Hay una corriente de querer, de alguna forma, condenar la figura de Sarmiento, de criticar la figura de Sarmiento. Lo que ha acontecido ahora con este dibujo animado que ha publicado la televisión oficial no es una cosa aislada, sino que forma parte de toda una visión ideológica que tiene este gobierno en este momento con respecto a la figura de Sarmiento, a quien lo interpreta o lo ve como un ícono del pensamiento liberal. Pero claro, ese pensamiento liberal de Sarmiento es el pensamiento liberal de fines del Siglo XIX, no del pensamiento liberal de la década menemista, por ejemplo”[27]. En otro medio también afirmó: “pretenden mostrar una determinada imagen de Sarmiento que llegue a los niños para hacer torcer la Historia” “Se pretende dar una visión ideológica y sesgada de la historia, además de mostrar a un Sarmiento como padre del liberalismo actual argentino, algo que no es así”[28].
El mencionado historiador ya se había pronunciado ante lo ocurrido con el Ministro uruguayo Huidobro, quien es de clara extracción marxista por cierto. Decía: “No deben sacarse las cosas de contexto (…) En el marco de la lucha ideológica de esa época se dijeron frases que pueden resultar fuera de lugar, pero Sarmiento no puede ser valorado por una frase sino por todo un accionar en su vida”. Además agregó que las palabras del ministro estaban “dirigidas a la lucha ideológica y se usan en un debate ideológico actual”, cosa que “parece desafortunada”[29].
Es un hecho que la posición o visión que tiene el gobierno –pese a las contrariedades que ya hemos acotado- es de índole marxista (aunque al modo K). De ahí aquello de verlo como un “ícono del pensamiento liberal” y, por eso, una figura negativa. También es cierto que esa mirada está cargada de contenido ideológico. Pero si bien la crítica puede ser errónea en sus principios y seguramente en su mirada torcida de la historia, sin embargo, eso no quita que el liberalismo sarmientino, o el liberalismo de fines del S. XIX, haya perdido su malicia. He aquí la acotación que queremos hacer.
Si tuviésemos que aclarar previamente una cuestión semántica, hay que decir que el término “liberalismo” designa un objeto particular: el liberalismo en todas sus formas y variantes. Sin embargo, el vocablo podría cambiar de significación por diversas causas y designar otra cosa distinta esencialmente y de este modo volver equívoco el término. Pero, el liberalismo, en esencia, no ha cambiado (ni el de Sarmiento, ni el de la década menemista). Por eso enseña Alberto Caturelli que “si el liberalismo se mantiene «el mismo» (lo esencial) aunque no sea en el tiempo «lo mismo» (por modo de accidente), quien acepta, se adhiere o re-crea el liberalismo (sea el liberalismo absoluto, el moderado o el moderadísimo) aceptará siempre el mismo, aunque fuera como un mero«liberalismo práctico», y forzosamente caerá en las condenaciones de la Iglesia.”[30]
Estamos hablando entonces de un sentido único del término liberalismo que, a pesar de sus distintas manifestaciones históricas, no ha cambiado en su esencia. El mismo Caturelli aclara esto en el primer párrafo de la obra citada advirtiendo que si bien el término arrastra una confusión y equivocidad semántica, ésta no ha logrado “borrar del todo un sentido único, más o menos oculto, que es el común denominador de todos los liberalismos”. Y agrega que“además, de los sentidos (teológico, filosófico, político-social y económico) que implica el término «liberalismo», existe también una «mentalidad» liberal (…), más poderosa que las claras convicciones racionales”[31].
En consecuencia, además de lo que enseñaba Juan Pablo II cuando decía que “la enseñanza de la Iglesia se mantiene sin cambio a través de los siglos, en el contexto de las diversas experiencias de la historia”[32], además de ello, como bien enseña Ernesto Palacio, “si las interpretaciones varían con las épocas y los autores, ello no implica generalmente un proceso de destrucción paulatina y fatal de las viejas verdades, sino la exhibición de aspectos inéditos o mal apreciados y, en definitiva, un aumento de la experiencia común”[33].
El tema se vuelve más complejo cuando comprendemos que tanto el marxismo como el socialismo no son enemigos del liberalismo, sino sus hijos naturales. Así lo ha enseñado Pío XI en la Divinis Redemptoris. Por eso dice Caturelli que un liberal antimarxista “es como un padre en lucha con su hijo, pues él lo trajo al mundo”[34]. Su unidad radical no se apoya en la libre navegación de los ríos, ni en las privatizaciones, sino en que sean profundamente hostiles hacia la Iglesia, y que "aunque peleen muchas veces entre sí, llegado el caso, pueden llegar a compromisos cómplices, pues coinciden al menos en lo fundamental. Todos están en la misma opción radical: «no queremos que Él reine sobre nosotros» (LC 19, 14)”[35].
De este modo se comprende que la condena a Sarmiento desde el oficialismo K efectivamente es errónea, no por ser el liberalismo sarmientino distinto del menemista, sino porque los acusadores poseen el mismo veneno en esencia. La condena tal es desacertada porque las razones de la misma son totalmente ajenas a las del Syllabus del Papa Pío IX, a las de Su Santidad León XIII en la Libertas, o, si se prefiere, al Magisterio de la Iglesia.
Sarmiento, entonces, fue efectivamente un liberal[36]. Y su liberalismo de siglo XIX merece la misma condena que merece el liberalismo adoptado por los liberales de nuestros días. Fue un liberal en su concepción política y económica. Fue un liberal en lo religioso. Y fue un liberal antes y después de su ingreso en la masonería. Como dice Federico Ibarguren hablando de Sarmiento:“cuando decimos liberalismos decimos masonería”[37]. Y fue liberal en Educación, al combatir la enseñanza católica y al promover y colaborar con la educación laicista, cuyo fruto fue la Ley de Educación 1420.
El Padre Castellani al estudiar el Liberalismo dice que éste es una herejía, y trae a modo ilustrativo unas páginas suyas escritas aquí en San Juan el 27 de julio de 1960. Allí el Padre se refiere concretamente a la figura de Sarmiento y toca el tema de la idolatría que por el prócer sienten la mayoría de los sanjuaninos. Para Castellani esto último resulta ser una religión invertida. Además es muy claro al decir que un católico no puede confesarse como tal y al mismo tiempo ponderar la figura de Sarmiento:
“¡Ojalá estén en el cielo actualmente Sarmiento, Urquiza y Mitre!; pero en vida han sido puercos. […] En San Juan si usted dice un discurso e 25 de mayo y no nombra a Sarmiento, le pasa lo mismo que si en la Edad Media usted hubiera dicho que no había Dios. Eso es religión, no me vengan con macanas: es religión al revés, o sea, una especie de religión satánica. «Hoy los Católicos han rendido homenaje a Sarmiento» dice el diario Tribuna del 22 de junio de 1960. Traducción: «Hoy los discípulos de Cristo han rendido homenaje a un hombre inmoral», o sea: «hoy los católicos han idolatrado».
[…] Mejor es no creer en nada, ni en Cristo ni en Sarmiento, que creer a la vez en Cristo y en Sarmiento. Lo primero da un ateo; lo segundo, un católico mistongo.”[38]

4. Pedagogías adversas
Las consecuencias de la educación planteada por Sarmiento las sufrimos hasta nuestros días. Consecuencias cuya raíz es el liberalismo concretado en el laicismo escolar. Sobre este último y en particular sobre la Ley 1420: “Es ésta la enormidad que ha sugerido el diablo para reconquistar la tierra cristiana, y como empresa digna del diablo no podía ser más injusta. Nuestra ley 1420 de educación común adolece, entre otras, de esta lacra. Viola los derechos de Dios, que debe reinar como maestro de la inteligencia y en el corazón del niño; los derechos de Cristo, que ha comprado con su sangre su alma; los derechos de la Iglesia, que le ha hecho su hijo en el sacramento de la regeneración y le alimenta con su vida en el sacramento de la consumación; los derechos de los padres, que tienen que velar por su educación total; y por fin, los derechos del niño, que si de algo necesita con urgencia es precisamente de Dios”[39].
Este padecimiento de las pedagogías liberales que no proponen héroes y santos como modelos a seguir, ya la advirtió Jordán Bruno Genta en unas páginas magníficas sobre este tema. Allí dice sin vacilar:
“Nosotros, los argentinos, venimos padeciendo desde generaciones una pedagogía antimetafísica y antinacional; una pedagogía liberal, positivista y utilitaria, que ha llegado a hacernos desear un alma extranjera, que nos ha ahondado un sentimiento de inferioridad, hasta el punto de avergonzarnos de nuestras tradiciones espirituales y de nuestro linaje español. Nosotros, que procedemos de un pueblo de moralistas –santos y caballeros, teólogos y juristas-,y que hemos reiterado su dimensión egregia y sus memorables hazañas, en los cuarenta años que fueron necesarios para conquistar la nacionalidad argentina, hemos llegado a despreciarnos con tales precedentes. Esta aberración de la inteligencia y este extravío de la voluntad, son la consecuencia necesaria de una pedagogía para pueblos coloniales, que la más lamentable confusión de nuestra historia, nos hizo convertir en escuela oficial desde el ochenta.”[40]
Quede definitivamente en claro que nada positivo resulta la señal Paka-Paka. Es parte de la basura y chatarra con que el Kirchnerismo pretende alimentar la cabeza de los niños argentinos. Nada más ni nada menos que propiedad del Ministerio de Educación, cuya cabeza es el mentado Sileoni. El slogan del canal, el poder de la imaginación. Un canal en perfecta conexión con otras señales del Gobierno (TV Pública, Encuentro, INCAA TV, Tecnópolis TV, DeporTV), lanzado por la mismísima Cristina Fernandez en septiembre de 2010. Mediante el Banco Audiovisual de Contenidos (BACUA), se compran contenidos y producciones extranjeras. Su objetivo: los niños de 2 a 12 años. Éstos, entre animales, títeres, naturaleza, leyendas, mitos y cuentos, películas, aventuras, etc, son bombardeados mediante lo más ridículo y mostrenco de las pedagogías modernas. Incluido el programa “¿Y ahora qué?”, el cual pervierte a los infantes con las doctrinas de sexualidad y teoría de género que subyacen en la Ley de Educación Sexual Integral, lanzada en 2006.
En materia histórica, la serie “Las asombrosas aventuras de Zamba”, no hacen más que difundir todos los errores y falsificaciones históricas posibles. Desde la llegada de Colón a América, pasando por la Revolución de Mayo, la época de Rosas, Sarmiento, Perón, Guerrilla, Malvinas y hasta nuestros días, todo lo pernicioso que se puede enseñar sobre estos temas se lo ha enseñado vilmente y sin tapujos.
Pero lo que molesta, es que se haya volteado, sin más, la imagen del niño modelo Sarmiento. Lo cual ya lo hizo anteriormente el Revisionismo auténtico. Inclusive y de modo sugestivo lo llevó a cabo el mismo Arturo Jauretche. Tres capítulos de su “Manual de Zonceras Argentinas”[41]le dedica el escritor a la desmitificación del niño modelo. El niño modelo de los norteamericanos –dice- es el niñito Benjamín Franklin: el nuestro, el niñito Domingo Faustino Sarmiento.
Extraigamos algunas líneas que dejan ver la “pedagogía” de este escritor:
“La imagen del niñito Domingo Faustino Sarmiento que usted lleva metida adentro, es la de una especie de Pulgarcito con cara de hombre, calzado con grandes botas y cubierto con un enorme paraguas, marchando cargado de libros bajo una lluvia torrencial. (…)
¿A quién no le han machacado en la edad escolar cuando uno prefería quedarse en la cocina junto a las tortas y al maíz frito en los días lluviosos, conque Sarmiento nunca faltó a clase así lloviera, nevara o se desataran huracanes? (…) Esta es una de las virtudes del niño modelo que más ha torturado a la infancia argentina hasta la aparición de la nueva ola de niños malos (“revisionistas”).”[42]
Lo curioso es que Jauretche hace esto defendiendo a Sarmiento como él dice: “Lo estoy defendiendo de los sarmientistas, que en lugar de proponernos el personaje como era, nos proponen una imagen de altar, tan luego con Sarmiento, personaje esencialmente vital en sus errores y en sus aciertos” (…)“Todos hemos tenido un primito modelo que nos refregaban por las narices amargándonos la infancia, y Sarmiento, (…) es algo así como el primito odioso de todos los argentinos. Destruir su imagen como tal es contribuir a que no se“agravien” más las incontables imágenes que son inevitables en todos los rincones del país…”[43]
Verdad la de Jauretche que, no por ser éste un liberal, dejará de ser cierta.
En una línea antiliberal, Rubén Calderón Bouchet cuenta una anécdota muy interesante que le aconteció cuando era jovencito y leyó el Facundo, el cual era de lectura obligatoria y “nadie se atrevía a censurar porque venía impuesto por el gobierno como una suerte de sagrada escritura”. Dice Bouchet:
“Uno de mis tíos, algo heterodoxo en materia de enseñanza liberal, me dijo poco más o menos: «El tejón ése escribe bien y el libro contiene pasajes que vale la pena leer, pero con respecto a Facundo, miente como un bellaco y no hay que tomar al pie de la letra todo lo que dice».
Es ley que cuando el Diablo da malos maestros, Dios nos ofrece un buen tío que corrige las opiniones del Mandinga y como los chicos, en general, y creo que en todas partes del mundo, aceptan con gusto todo cuanto se dice contra las enseñanzas impartidas en las escuelas oficiales, la recomendación de mi tío me sirvió para construirme una coraza a prueba de balas contra los influjos liberales de esos salvajes unitarios (…)”.[44]
El Padre Leonardo Castellani trae una reflexión respecto de los modelos y los arquetipos que se deben presentar a los niños. Hablando precisamente de Sarmioento advierte que no es un mal que en la Argentina haya habido traidores y traiciones; el mal está en hacer estatuas a los traidores y adorar las traiciones. Más adelante alecciona:

“Si a los niños en la escuela se les pone como objetos de reverencia, de admiración y de imitación a hombres inmorales, las bases mismas de la moral quedan minadas. ¿Qué hombres íntegros saldrán de allí? Una nación no puede ser independiente si no tiene una suficiente proporción de hombres éticos. (…) La Escuela Argentina no tiende a hacer esos hombres; al contrario más bien.”
No podemos dejar de mencionar –si de pedagogía antiliberal se trata- a Ignacio Anzoátegui, quien nos da una lección tanto de criterio como de enseñanza. Advierte que Sarmiento “mató la cultura para fundar la instrucción. Y, con esa fuerza brutal que tenía para todo, hizo de la Argentina un país como los Estados Unidos, instruidos pero inculto”. Y agrega: “su aspiración era que los habitantes supieran leer (…); que todos fueran alfabetos aunque resultaran todos analfabetos mentales”[45].
El comentario de don Ignacio alcanza la crítica de los maestros, quienes“creen que conocen el alma del chico cuando comienzan a conocer sus sentimientos”. Aunque “la culpa de todo esto la tienen los maestros de nuestros maestros, que eran irremediablemente incapaces. El arte de enseñar a los chicos no consiste en achiquilinarse ni en rebajar la propia mentalidad”[46]. ¿Acaso hacen otra cosa los maestros de nuestros días que no sea rebajar la mentalidad los maestros de nuestros días? ¿Acaso no hace lo mismo Paka-Paka, mediante el niñito Zamba?
Pero este escritor y poeta va por más y se atreve a enseñar al niño como se debe. Para empezar dice: “cuando un historiador habla bien de algún personaje hay que desconfiar de ese personaje o pensar que el historiador no se ha dado cuenta de que era bueno o pensar que no se ha animado a decir lo que pensaba (porque a veces también los historiadores hacen como si estuvieran pensando, para que los crean inteligentes)”[47].
Extraordinaria pedagogía la de Anzoátegui que hablando de las Invasiones Inglesas dice: “Se armaron como pudieron, unos con espadas otros con palos y otros con piedras y otros con tenazas de cocina y todos estaban muy contentos porque sabían que a la larga o a la corta terminarían por echar a los invasores porque ellos tenían razón y los invasores eran unos cochinos herejes”[48].
Hablando de Rivadavia dice con humor:
“Cuando los niños argentinos oyen pronunciar el nombre de ese liberal deben gritar «cruz diablo» si son menores de dos años y si son mayores deben decirle alguna palabra de esas que asustan tanto a los masones acomodados y a los políticos amariconados.”[49]
Por último repitamos la admonición antiliberal:
“Los niños patriotas deben cuidarse mucho de los liberales y si algún liberal les ofrece un caramelo deben decirle: «Muchas gracias señor, pero usted no me envenena». Y si quiere, puede agregarle alguna mala palabra, de esas que no se pueden decir sino a los liberales.”[50]

La necesidad de esta pedagogía surge de que “nada hay más pernicioso que la preparación liberal con que se adormece a nuestra niñez, destinada, precisamente, a vivir un destino antiliberal en un país con destino antiliberal”. Por eso, con todo el liberalismo en pugna, sabemos que “aunque el liberalismo decimonónico que aún soportamos nos ha desfigurado atrozmente, a través de una enseñanza laicista y desnacionalizadora, la vera imagen de la patria, el Ser Nacional Argentino reconoce su origen en el Catolicismo Español de la Contrarreforma Religiosa anti Protestante”[51].

5. Conclusión
Dice Marechal en su Didáctica de la Patria (n. 16): “Vence a la Cobardía de los ojos oblicuos, y la Patriafutura dará el santo y el héroe que han de trazar las líneas de la Cruz”.
Por eso mismo, los mitos, las zonceras, los rumores, los chismes, dejémoslos para los historiadores o lectores de minucias y en vez de preocuparnos por el acontecer del “niño modelo”, preocupémonos por el Ser de los verdaderos modelos que debe tener un niño argentino. Podríamos preguntarnos más seguido quién fue aquél otro personaje del que tanto hablan, llamado Facundo Quiroga, que levantó el estandarte de “Religión o Muerte” frente a las canalladas liberales. Preguntémonos quién fue el verdadero San Martín, Belgrano, Rosas. Interroguémonos, los sanjuaninos, quién fue aquel otro caudillo Nazario Benavidez, “nuestro mejor compatriota contra la horda inmunda de salvajes unitarios enemigos de Dios y de los hombres… que obstinados se atrevieron a profanar el pueblo sanjuanino”. Benavidez, “el más adicto a la sagrada causa de la Federación”[52].
Y cuestionémonos, al fin, qué Patria quisieron ellos para nosotros y las generaciones postreras. Bien ha dicho el Prof. Antonio Caponnetto que la pregunta que hemos de hacernos “no es solamente la pregunta individual, particular, subjetiva “¿qué clase de figura fue Sarmiento?’, sino qué clase de Argentina quiso, pergeñó, ejecutó y consumó para desgracia nuestra”[53].
Sin Dios en la escuela, sin Cristo como rey de la sociedad y de la educación, sin la instauración de todas las cosas bajo el cetro de Nuestro Señor, nunca vamos a progresar como Estado y como Patria bien constituida. “Dejad que los niños vengan a mí” (Lc 18, 16), nos dice Cristo. ¿Cuándo vamos a entender que la mejor instrucción es la que está iluminada por la Luz del Evangelio? ¿Cuándo vamos a comprender que Jesucristo es el único y verdadero Maestro?
Nuestros niños merecen el ejemplo de los Santos y de los Héroes. Merecen que les demos claras muestras de los personajes históricos, hombres y mujeres, que encarnaron tales ideales. Merecen conocer la “celosa geometría”, en el decir de Merechal, de “la Vertical del Santo” y “la Horizontal del Héroe”.Merecen aprender las matemáticas de la Economía de la Salvación. Y merecen reconocer en el Verbo, en la Palabra, su meta más alta. Sólo así tendremos una Patria como la merecemos y como merece ser rescatada para Cristo Rey.

Eduardo Peralta.

Notas
[1] La Prensa, edición del 1º de agosto de 1875.
[2] “Sarmiento. Acusación y Defensa”, Fondo Cultural Universidad Católica de Cuyo, San Juan, 1965, p. 9.
[3] Nos ocupamos de aquel episodio en un artículo que titulamos “Sarmiento, hijo de su madre”. Cfr. http://ccidentidadnacional.blogspot.com.ar/search/label/Sarmiento, o también, en dos partes: http://quenotelacuenten.verboencarnado.net/?p=1218 (parte 1), http://quenotelacuenten.verboencarnado.net/?p=1226 (parte 2).
[4] http://www.diariodecuyo.com.ar/home/new_noticia.php?noticia_id=646397
[5] http://www.diariodecuyo.com.ar/home/new_noticia.php?noticia_id=645761
[6] Noticiero 8, Primera Edición, 6 de noviembre. Cfr. http://www.sanjuan8.com/sanjuan/A-Sarmiento-lo-sostiene-su-obra-sostuvo-la-subdirectora-de-la-Casa-de-San-Juan-20141106-0041.html
[7] Decía Sarmiento en el senado: “Si los pobres de los hospitales, de los asilos de mendigos y de las casas de huérfanos se han de morir, que se mueran: porque el Estado no tiene caridad, no tiene alma. El mendigo es un insecto, como la hormiga. Recoge los desperdicios. De manera que es útil sin necesidad de que se le dé dinero. ¿Qué importa que el Estado deje morir al que no puede vivir por sus defectos? Los huérfanos son los últimos seres de la sociedad, hijos de padres viciosos, no se les debe dar más que de comer”.
[8] Cfr. Manuel Gálvez, “Vida de Sarmiento“,13ra edición (1ra en 1945), Ed. Dictio, Buenos Aires, p. 190-192.
[9] José María Rosa, “Historia del Revisionismo y otros ensayos”, Editorial Merlín, 1968, Buenos Aires, p. 20.
[10] Ibídem, p. 27.
[11] “Operativo destrocen a Sarmiento”, San Juan, edición del 6 de noviembre de 2014, p. 12-13.
[12] Véase, por ejemplo, en el mismo periódico, el artículo “La Masonería se rearma en San Juan”, del viernes 18 de julio de 2014, p. 16-17. También en edición digital: http://www.nuevodiariosanjuan.com.ar/ediciones/1633/files/assets/basic-html/page16.html
[13] “Operativo destrocen a Sarmiento”, art. Cit., p. 12.



[14] Uno de los cuales es tan sólo el índice. Las obras completas se podrían publicar en 100 tomos y no necesariamente sería ésta la cantidad de sus obras. De hecho se ha publicado una edición de 54 tomos.
[15] Ibídem, p. 13.
[16] Ibídem, p. 13.
[17] Antonio Caponnetto, Palabas de la presentación del Tomo tercero de “Los Críticos del Revisionismo Histórico”, Instituto Bibliográico “Antonio Zinny” - UCALP, Buenos Aires, 2012. Puede verse en: https://www.youtube.com/watch?v=220COzRCAWc
[18] Entrevista con Canal 13 (San Juan). Cfr. http://www.canal13sanjuan.com/cultura/2014/11/7/historiador-sanjuanino-salio-defensa-mirada-paka-paka-sarmiento-9903.html Puede oírse en: https://www.youtube.com/watch?v=y46ct4Fq8rg
[19] Téngase en cuenta los distintos titulares: “Desde un instituto histórico provincial, criticaron la visión revisionista «sin razonamiento» del prócer”.
[20] Cfr. http://www.lanacion.com.ar/1741667-paka-paka-se-burla-de-la-figura-de-sarmiento-y-hay-polemica
[21] Cfr. http://www.lt10digital.com.ar/noticia/idnot/219645/luisalbertoromerohaymalaintencionenelretratodesarmiento.html
[22] http://www.elzonda.info/index.php/Diario-El-Zonda-escenario-de-las-Vidas-de-Sarmiento.html
[23] http://www.diariodecuyo.com.ar/home/new_noticia.php?noticia_id=641680
[24] http://www.diariodecuyo.com.ar/home/new_noticia.php?noticia_id=645812
[25] http://www.canal13sanjuan.com/el-pais/2014/11/6/sileoni-defendio-mirada-paka-paka-sobre-sarmiento-9875.html
[26] http://www.losandes.com.ar/article/san-juan-paka-paka-se-burla-de-sarmiento
[27] http://www.canal13sanjuan.com/cultura/2014/11/6/es-facil-pegarle-sarmiento-hacemos-mirada-sesgada-9859.html El audio se encuentra en: https://www.youtube.com/watch?v=30YUqw7DYVo
[28] http://www.diariodecuyo.com.ar/home/new_noticia.php?noticia_id=646174
[29] Cfr. http://www.diariodecuyo.com.ar/home/new_noticia.php?noticia_id=620238
[30] Alberto Caturelli, “Exámen crítico del liberalismo como concepción del mundo”,Ed. Gladius, Buenos Aires, 2008. Utilizamos aquí la edición de Fundación Gratis Date publicado bajo el título “Liberalismo y Apostasía”, Pamplona, p. 38-39. (Puede verse el texto en internet: http://www.gratisdate.org/fr-textos.htm ).
[31] Ibídem, p. 3
[32] Laborem excercens, n. 11.
[33] Ernesto Palacio, “La Historia Falsificada”, Difusión, Buenos Aires, 1939. A propósito del tema educativo que tocaremos más adelante puede verse del mismo autor: “Historia del estatismo escolar”,Espasa-Calpe, Buenos Aires, 1940.
[34] Op. Cit., p. 31.
[35] José María Iraburu, “De Cristo o del Mundo”, Fundación Gratis Date, 2da edición, Pamplona, 2001, p. 132.
[36] Manuel Gálvez hace notar que Sarmiento más que liberal y democrático fue autoritario. Cfr. “Vida de Sarmiento”, op. Cit. p. 777-780. Sin embargo, los aspectos que toca son particulares y accidentales. De índole metodológica. Cosa que luego hace ver el mismo Gálvez en su obra. Por eso –y por lo ya explicado- puede afirmarse que el sanjuanino fue redondamente un liberal.
[37] Federico Ibarguren, “Nuestro Ser Nacional en peligro”, Vieja Guardia, Buenos Aires, 1987. Puede verse el fragmento en que habla de la masonería sarmientina en la web, bajo el título de “Sarmiento: el Gran Maestre”: http://criticarevisionista.blogspot.com.ar/2012/05/sarmiento-el-gran-maestre.html
[38] Cfr. P. Leonardo Castellani, “Esencia del Liberalismo”,Ed. Dictio, Biblioteca del Pensamiento Nacionalista Argentino, Vol. VIII, Buenos Aires, 1976, p. 146.
[39] P. Julio Meinvielle, “Concepción Católica de la Política“, Biblioteca del Pensamiento Nacionalista Argentino”, Vol III, Buenos Aires, 1974, p. 56.
[40] Jordán Bruno Genta, “Acerca de la libertad de ensañar y de la Enseñanza de la Libertad”, Buenos Aires, 1945, p. 100.
[41] Peña Lillo editor,1988, 2da ed, pp. 138-146, (zonceras n1 16 a 19).
[42] Ibídem, p. 140. Jauretche más adelante cita al Padre Castellani: “Don Leonardo Castellani, que es fraile y conoce mucho a los chicos, dice que "el chico que nunca se hizo la rabona es sospechoso". En general todos los chicos afirman, como Dominguito, que nunca "se la hicieron", pero conviene desconfiar.” Bien podríamos decir, a propósito de Castellani y a propósito de escapar de la escuela, aquellos versos del prete:
“Y si yo tuviera un hijo
le daría un buen caballo
para huir de las escuelas,
los pedantes y los diarios.
No le enseñaría a leer,
mucho menos a escribir.
lo mandaría a las estancias
a soñar el porvenir
y aprender la única forma,
digna y nuestra, de morir.”
[43] Ibídem, p. 145.
[44] El texto lo tomamos de Internet, bajo el título de “Civilización o Barbarie”, del blog: http://criticarevisionista.blogspot.com.ar/2011/07/civilizacion-o-barbarie.html
[45] Ignacio B. Anzoátegui, “Vida de Muertos”, Colihue, Buenos Aires, p. 99-100.
[46] Ibídem, p. 100.
[47] Ignacio B. Anzoátegui, “Pequeña Historia Argentina para uso de los niños", Ediciones Regnum, Asunción - Paraguay 2000, p. 29. La obra es la compilación de una serie de artículos que el autor publicó en la revista “Nueva Política”,editada en Buenos Aires, entre los años 1940 y 1943.
[48] Ibídem, p. 49-50.
[49] Ibídem, p. 79.
[50] Ibídem, p. 7
[51] Federico Ibarguren, “Nuestro Ser Nacional en peligro”, op. Cit., p. 12
[52] Carta de José Manuel Eufrasio (de Quiroga Sarmiento), Obispo de Cuyo, a Juan Manuel de Rosas, fechada el 8 de Octubre de 1841.
[53] Conferencia “Facundo contra Sarmiento”, pronunciada en Villa Elisa, La Plata, en Octubre de 2010.