jueves, 6 de agosto de 2015

EL VIZCONDE DE ABRANTES Y EL DOCTOR FLORENCIO VARELA* (2° y ultima parte)

Florencio Varela

Por: Ricardo Font Ezcurra

El general José M. Paz, ilustre táctico y jefe militar de extraordinario relieve, nos ha legado sus Memorias, que constituyen uno de los documentos más valiosos de nuestra historia, pues lo que en ellas se relatan está abonado por su doble carácter de testigo y actor principal de los acontecimientos a que se refiere. En ellas consigna algunos hechos que son absolutamente confirmatorios de las actividades y pretensiones internacionales del Brasil, a las que prestaban su más delicada colaboración y apoyo los emigrados argentinos.

“El Gobierno Imperial –dice Paz- y en general la población brasileña ha heredado de los portugueses esa insaciable sed de territorios que devoraba a sus mayores. Como si no poseyeran terrenos inmensos, que no pueden poblar ni utilizar, de que ellos mismos no saben qué hacer, conservan pretensiones territoriales en todas sus fronteras. Sus límites con la Banda Oriental y Bolivia están indefinidos, teniendo por todas partes cuestiones territoriales que ventilar. Obrando en el mismo sentido procura debilitar a sus vecinos, y como el más poderoso es la Republica Argentina es consiguiente que pretenda subdividirlo hasta el infinito. Rodeado además, el Imperio de estados pequeños, su influencia será omnipotente y vendrá a ser de hecho el regulador universal de Sudamérica. Ya vimos en años anteriores que siéndole imposible conservar su conquista en la provincia Cisplatina (Banda Oriental), se contentó con segregarla de la República Argentina haciendo que se constituyese en Estado independiente. Esto mismo explica el interés que el Brasil ha tomado en la independencia del Paraguay, sin que sea necesario suponerle otras miras que no han dejado algunos de entrever, para hallar la clave de su política. A mi objeto basta probar que ha mirado con placer el derrumbamiento de la República Argentina y que ha obrado consecuentemente. Cuando el doctor Florencio Varela partió para Montevideo a desempeñar una misión confidencial cerca del gobierno inglés el año 1843, tuvo conmigo una conferencia en que me preguntó si aprobaba el pensamiento de la separación de la provincias de Entre Ríos y Corrientes para que formasen un Estado Independiente; mi contestación fue terminantemente negativa. El señor Varela no expresó opinión alguna, lo que me hizo sospechar que fuese algo más que una idea pasajera, y que su misión tuviese relación con el pensamiento que acababa de insinuarme.”

“Era muy claro que el pensamiento de separación de las provincias de Entre Ríos y Corrientes, había llegado a conocimiento del Encargado de Negocios del Brasil en Montevideo, pues quiso este explorar mi opinión; mas después he sabido que un argentino notable, órgano por supuesto de la fracción de Montevideo, redactó una memoria ensalzando el proyecto y la presentó al diplomático brasileño. El mismo sujeto me lo ha referido y me ha escrito largas cartas persuadiéndome de que lo adoptase, cuando yo estaba en Corrientes. Lo particular es que para recomendarlo se proponía probar que era utilísimo a la República Argentina.”

La nítida filiación antirosista del general Paz lo pone a cubierto de cualquier juicio intencionado y valora si es posible su  opinión y su relato. Inútil es decir que el general Paz, como él mismo lo expresa, rechazó patrióticamente este singular proyecto(1). Aquel mismo año el doctor Florencio Varela, el “argentino notable” redactor de la famosa memoria, fue enviado por la Comisión Argentina y el gobierno de Fructuoso Rivera ante los gobiernos de Francia e Inglaterra con la misión a la que alude el general Paz, y para obtener el apoyo militar necesario para derrocar a Rosas.

El fracaso de la expedición Libertadora y la firma del tratado Mackau- Arana no habían llamado a la realidad a la Comisión Argentina de Montevideo, la que reincidía, con el envío de ese emisario, en su desleal conducta de incitar a potencias extranjeras a que interviniesen en su propio país, con el objeto de obtener los medios necesarios que propiciaran el éxito de sus intereses partidarios.

Pero esta vez la memorable Comisión Argentina concretaba elocuentemente la compensación que ofrecía a trueque del apoyo bélico que solicitaba: la retribución consistía, nada menos, que en la entrega de las provincias de Entre Ríos y Corrientes.
La embajada de Rio y la de la Comisión Argentina perseguían el mismo propósito fundamental: una alianza europea para eliminar a don Juan Manuel de Rosas. Pero si la misión de Abrantes, que representaba legalmente a su gobierno, se explica y se comprende, pues al lograr la caída de Rosas, el Brasil allanaba el principal obstáculo que impedía la realización de sus planes de conquista y predominio sobre su rival la Confederación Argentina; en cambio la gestión de Varela, irregular en todo concepto, representando a Fructuoso Rivera, patrocinaba ese mismo cambio de gobierno a costa de importantes concesiones territoriales que atentaban contra la soberanía e integridad de su patria, de esa soberanía e integridad que Rosas se había empecinado en defender(2).

¡Que ideas políticas tan distintas tenían Rosas y Varela y de que diferentes maneras trabajaban por la integridad territorial de su patria el Gaucho malo y el distinguido traductor de Horacio(3).

Lord Aberdeen y Guizot, estadistas eminentes y profundos ante quienes Abrantes y Varela realizaron sus gestiones, se habrán sorprendido sobremanera ante la insistencia de estos dos personajes por meterse en la boca del lobo. Y su humillante rogatoria habrá sido escuchada con despreciativa curiosidad pues llevaba implícita la confesión de incapacidad o impotencia para resolver sus propios problemas sudamericanos, derivando su solución hacia las grandes potencias europeas.

Bien informados, sobre todo, del poderío militar y del extraordinario prestigio de don Juan Manuel de Rosas y de que el mismo estaba apoyado por un partido popular poderoso, lo que predecía que la cuestión no iba a ser tan sencilla como en Argel, Nicaragua o México y trabajados además por una íntima y reciproca desconfianza, negaron el apoyo militar solicitado.

No fue ajena a esta negativa, la destacada actuación que tuvo el general San Martin en este episodio. De ella da cuenta la siguiente carta:

“Sr Federico Dickson, cónsul general de la Confederación Argentina en Londres.
Nápoles, 28 de diciembre de 1845.

Señor de todo mi aprecio:

Por conducto del caballero Yackson se me ha hecho saber los deseos de usted relativos a conocer mi opinión sobre la actual intervención de la Inglaterra y Francia en la República Argentina; no solo me presto gustoso a satisfacerlo, sino que lo hare con la franqueza de mi carácter y la más absoluta imparcialidad; sintiendo solo que el mal estado de mi salud no me permita hacerlo con la extensión que requiere este importante asunto.

No creo oportuno entrar a investigar la justicia o injusticia de la citada intervención, como tampoco los perjuicios que de ella resultaran a los súbditos de ambas naciones con la paralización de las relaciones comerciales, igualmente que de la alarma y desconfianza que naturalmente habrá producido en los Estados sudamericanos la injerencia de dos naciones europeas en sus contiendas interiores, y solo me ceñiré en demostrar si las dos naciones intervinientes conseguirán por los medios coactivos que hasta la presente han empleado el objeto que se han propuesto, es decir, la pacificación de las dos riberas del Rio de la Plata. Según mi íntima convicción, dese ahora diré a usted no lo conseguirán; por el contrario, la marcha seguida hasta el día no hará otra cosa que prolongar por un tiempo indefinido los males que se tratan de evitar y sin que haya previsión humana capaz de fijar un término a su pacificación: me explicaré.

Bien sabida es la firmeza de carácter del jefe que preside la República Argentina: nadie ignora el ascendiente muy marcado que posee sobretodo en la vasta campaña de Buenos Aires y resto de las demás provincias; y aunque no dudo que en la capital tenga un numero de enemigos personales, estoy convencido que bien sea por orgullo nacional, temor, o bien por la prevención heredada de los españoles contra el extranjero, ello es que la totalidad se le unirán y tomaran parte activa en la actual contienda; por otra parte, es menester conocer (como la experiencia lo tiene demostrado) que el bloqueo que se ha declarado, no tiene en las nuevas republicas de América (sobre todo en la Argentina) la misma influencia que lo seria en Europa; él solo afectará un corto número de propietarios, pero la masa del pueblo que no conoce las necesidades de estos países, le será bien indiferente su continuación. Si las dos potencias en cuestión quieren llevar más adelante las hostilidades, es decir, declarar la guerra –yo no dudo un momento que podrán apoderarse de Buenos Aires con más o menos perdidas de hombres y gastos, pero estoy convencido que no podrán sostenerse mucho tiempo en posesión de ella; los ganados, primer alimento, o por mejor, decir el único del pueblo, pueden ser retirados en muy pocos días a distancias de muchas leguas; lo mismo que las caballadas y demás medios de transporte; los pozos de las estancias inutilizados, en fin formando un verdadero desierto de 200 leguas de llanuras sin agua ni leña, imposible de atravesarse por una fuerza europea, la que correrá tantos más peligros a proporción que esta sea más numerosa, si se trata de internarse. Sostener una guerra en América con tropas europeas, no solo es muy costoso, sino que más que dudoso su buen éxito tratar de hacerla con los hijos del país; mucho dificulto y aun creo imposible encuentre quien quiera enrolarse con el extranjero. En conclusión: con 8.000 hombres de caballería del país y 25 o 30 piezas de artillería, fuerzas que con toda facilidad puede mantener el general Rosas, son suficientes para tener en un cerrado bloqueo terrestre a Buenos Aires, sino también impedir que un ejército europeo de 20.000 hombres salga a treinta leguas de la capital, sin exponerse a una completa ruina por falta de todo recurso; tal es mi opinión y la experiencia lo demostrará a menos (como es de esperar) que el nuevo ministerio ingles no cambie la política seguida por el precedente.

Quedo celebrando, etc.

José de San Martin(4) 

Esta opinión, publicada en diarios ingleses, no dejó de influir poderosamente en los gabinetes de Francia e Inglaterra. Puestos los gobiernos europeos en el trance de optar entre la autorizada opinión del eminente patriota y estratega, el general San Martin, y la impresionante inconsciencia del doctor Florencio Varela, que ofrecía, en pago del envío de un ejército, las provincias de Entre Ríos y Corrientes, para modificar la situación política de su país, la elección no era dudosa, y la intervención de las fuerzas terrestres europeas, pedida con tanto entusiasmo por unitarios y brasileros, no se realizó.

La potente personalidad de don Juan Manuel de Rosas y el desinteresado patriotismo del general San Martin hicieron fracasar las misiones del vizconde de Abrantes y del doctor Florencio Varela.

Si el vizconde de Abrantes hubiera logrado su propósito, el Imperio habría anticipado la fecha de Caseros y ese acontecimiento de intenso significado histórico se hubiera visto decorado con los penachos encarnados de los fusileros de Orleans y el Brasil logrado sus aspiraciones imperialistas. El imperio había fracasado por primera vez en la guerra del año 1825, la segunda con la misión de Abrantes. Su tercera tentativa seria la vencedora.

De haber tenido éxito la gestión del doctor Florencio Varela, la República Argentina hubiera perdido las provincias de Entre Ríos y Corrientes, y desde luego, el territorio de Misiones y sufrido las terribles consecuencias de una guerra provocada por la invasión extranjera.

Pero afortunadamente, Francia e Inglaterra, hacia donde viajaron el vizconde  y el doctor en procura de soldados y cañones, no tenían prácticamente interés en acrecentar el Brasil a costa de la Argentina, pues al aumentar el poderío de aquél, podría exigir ventajas que no podrían serle acordadas sin perjuicio de las que ellas pretendían.

Su política era, después del fracaso del bloqueo y de la “expedición libertadora”, mantener revueltas las aguas del Rio de la Plata para lograr la menguada ganancia del pescador.


Notas:
1)      José María Paz, Memorias Póstumas, Buenos Aires, 1917.
2)      “El gobierno de Nicaragua, no pudiendo resistir las exigencias del gobierno inglés, cedía a sus pretensiones de extender los límites de Mosquitos hasta la boca del rio de San Juan, porque el cañón es un derecho y una razón , que decide fácilmente las cuestiones más intrincadas.
En Méjico, por una cuestión de menos importancia, el cañón de Francia, le rompía una pierna al presidente Santa Ana, atacándose el famoso Castillo de San Juan de Ulloa, obligándole a aquel mandón a hacer justicia al cónsul francés.
Pero en el Rio de la Plata, el Dictador, desde su fastuosa Quinta de Palermo, arroja del suelo argentino a los marinos de las dos poderosas potencias de Inglaterra y Francia, los declara piratas incendiarios y ordena su degüello por sus más últimos Seides, se niega a hacerles justicia en sus más legitimas pretensiones (?) y el cañón de Obligado suena para apagarse al día siguiente y no retumbar más en el Rio de la Plata, en defensa de sus propios derechos, de su dignidad, de la humanidad y de la civilización.” (JOSE LUIS BUSTAMANTE, Los cinco errores de la invasión francesa al Rio de la Plata, Montevideo, 1849)
3)      ¿Para quién traduciría el diligente unitario?:
Muéstrate en el dolor, fuerte, animoso / y cauteloso la amplia vela riza / cuando al traidor halago se hinche túrgida / de un viento favorable en demasía.

4)      San Martin, su correspondencia. Publicación del Museo Histórico Nacional.


*RICARDO FONT EZCURRA. La Unidad Nacional, cap III. Cuarta edición. Editorial La Mazorca. Bs As 1944

No hay comentarios:

Publicar un comentario